- FEB. 11, 2012 - Foto - Tiempo Libre - EL UNIVERSO
Héctor Napolitano durante su reciente presentación en el bar Diva Nicotina.
Solo faltó Hugo Idrovo para que el recital sea por motivo de los 15 años de Gringa loca, íntima colaboración artística entre Napito y “el tuerto”. Sin embargo, la desbordante popularidad de Héctor se vio reflejada no solamente en la gran cantidad sino la calidad del público que abarrotaba todas las dependencias en Diva Nicotina literalmente asediada por clientes.
Y así, en este encuentro de “hasta donde puedo llegar con mi guitarra” según Napo y su público, cerca de la medianoche arrancó una especie de happening, con Napo elegantísimo, de saco y corbata con historia propia.
Así, tocando guitarra eléctrica y armónica un poquito alta, entonó Blowin in the wind himno existencial en la primera etapa de Bob Dylan y luego It ain’t me babe demostrando ya su legendaria habilidad, digitando cualquier tipo de guitarra y atenuando el volumen de la armónica mientras introducía un concierto más para sí mismo que para alguien más.
El humor, el estilo de vida y su personalidad han creado una mitología urbana y costumbrista realmente singular. La encantadora María, bailarina, coreógrafa y exmujer atendía la puerta mientras Suri Guamán, también bailarina y exmujer revoloteaba entusiasmada como una fanática más.
Lucas Napolitano, su hijo, estudiante en el Rimsky Korsakov y muy buen cultor de un blues-guitar lo acompañó, al igual que Fausto Pico en voz y bongó. Al rato trepó al escenario el inefable Carlitos Prado.
Este grupo, todo un “Rat Pack” minimista si consideramos la usual orquestación que lo acompaña a Héctor en sus presentaciones, hizo las delicias del público.
Ya en mangas de camisa, interpretando un folclore irlandés y acompañado de Lucas, Napo dejó establecido su prestigio tocando una mandolina, con maestría. Delia digitado y charrasqueado fue lírica, intensa y dedicada a su mamá.
Lucas Napolitano mostró gran manejo en los tiempos y criterio musical acompañando al padre, en aquel autobiográfico blues llamado Platos sucios, gran excusa para tocar y cantar con feeling y abandono (sin alusiones a persona alguna en la sala).
Isabella nos devolvió la tranquilidad inicial en referencia, a las Galápagos y el “Napo Folk Music” de una época más espiritual. Héctor le hizo segunda guitarra a Lucas y de repente en gran contraste (esos que les encanta a Napo) se vino Flores negras con “care chancho” mostrando gran sensibilidad percusiva y sobre todo buena voz y tonos precisos así como Napo, gran trovador de su vida, cantando De las mujeres no me fío más y tocando como gran sonero que es.
Carlitos Prado (descollante, miembro del “Rat Pack”) y siempre una atracción musical, se juntó con “care chancho” y pudimos escuchar la mejor versión de Nuestro Juramento esto es, letra y melodía virtuosa con ritmo caribeño. ¡Qué más se puede pedir! Musicalmente, esta sección cubana fue lo mejor de la noche.
Carlos Villacís, vicepresidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, Carlos Víctor Morales, comentarista y Josimar, director técnico eran parte de un público que gozaba finalmente de un son cubano estilo Silvio Rodríguez, gracias a la muy fina sensibilidad de un Carlos Prado en plenitud de sus considerables facultades artísticas.
Gringa Loca, que tocada como un albazo, es un raro fenómeno sigue creciendo. Algo así como su intérprete Héctor Napolitano, cuya popularidad atraviesa generaciones hace mucho tiempo.