Hace pocos días los presidentes de los países incorporados en la ALBA aprobaron una declaración de apoyo al gobierno sirio, expresando además su condena a lo que consideran una política sistemática de injerencia por parte de ciertos países occidentales. En la declaración se reitera principalmente el apoyo “a la política de reformas y diálogo nacional impulsada por el gobierno del presidente Bashar Al Assad que busca encontrar una solución política a la crisis actual”.
Paradójicamente, “la política de reformas y diálogo nacional” que ha venido impulsando el presidente sirio es todo menos eso, habiendo exhibido en su lugar una descarada represión ejercida inclusive contra la indefensa población civil. Podría pensarse que los presidentes de la ALBA manejan de forma genuina una visión desarticulada de lo que está pasando realmente en ese país árabe, sea por la falta de vías diplomáticas que acrediten la realidad de los hechos, sea porque la necesidad de la ALBA de contrarrestar la visión occidental llega a tal punto que acepta la represión como una modalidad de diálogo nacional.
Hay otra teoría que va más lejos y es ciertamente más oscura. Imaginemos la siguiente hipótesis: se origina una revuelta popular en“La política de reformas y diálogo nacional” que ha venido impulsando el presidente sirio es todo menos eso, habiendo exhibido en su lugar una descarada represión ejercida inclusive contra la indefensa población civil. contra del presidente de Nicaragua (señalado al azar) y este responde mediante una indiscriminada represión. ¿Qué deberían hacer los otros amigos de la ALBA en esos momentos, ignorar olímpicamente lo que está ocurriendo en ese país, rechazar la actuación de ese gobierno o solidarizarse con el compañero revolucionario, ofreciendo inclusive contingente militar para sofocar la rebelión? ¿No será entonces que tras el apoyo de la ALBA al gobierno sirio, lo que se está asumiendo como lógica democrática es la vía de la represión ante cualquier alteración del orden constituido?
Hay que admitir que dada la alta popularidad de algunos de los presidentes del grupo de la ALBA, es improbable que se desate en uno de estos países una revuelta similar a la que está ocurriendo en Siria, pero como toda ira popular puede “quebrar lo que parecía inquebrantable, agitar lo que parecía inmóvil, desestabilizar lo que parecía inmutable”, nadie puede asegurar con total certeza que jamás ocurrirá algo similar en algún país de la ALBA. Y si ese día llega, ¿terminaremos aplaudiendo la represión?