martes 07 de febrero del 2012 Columnistas

Iván Sandoval Carrión ivsanc@yahoo.com

Reliquias y santuarios

El revuelillo causado por la teatral reaparición de unas espadas cuya propiedad original se atribuye a Eloy Alfaro y a Pedro Montero, es una magnífica oportunidad para cuestionarnos acerca del sentido que los ecuatorianos le damos a esa disciplina (o ciencia fáctico-social, según algunos) llamada Historia. Tradicionalmente educados en la memorización de cifras y fechas, en la conmemoración casi religiosa de las mismas, en la veneración de lugares, en la idealización de personajes, en la glorificación de acontecimientos y en la total ausencia de análisis y reflexión sobre los documentos y las significaciones, parece que los ecuatorianos somos adeptos a los ritos y a la imaginería patriotera, antes que al aprendizaje sobre el pasado. Parafraseando a Santayana, preferimos olvidar lo que se sale del guión dramático, y con ello nos condenamos a repetir las hogueras.

Aunque quizás siempre hemos tenido esa tendencia, por nuestra necesidad de construirnos a posteriori el pasado más grandioso posible, el fenómeno toma una dirección definida desde hace cinco años, hacia la producción de un nacionalismo alfarista y un internacionalismo bolivarista, manuelista y guevarista, en acólita consecuencia con nuestros aliados coyunturales. Pero el movimiento no se basa tanto en la difusión del pensamiento de los personajes, y en la consecuencia con sus enseñanzas e ideales, sino más bien en la construcción de monumentos y en la invención de liturgias paganas. El primer aviso nos llegó con la peregrinación que llevó los restos del Viejo Luchador hacia su pueblo natal, para la fundación de Ciudad Alfaro y la inauguración de la Asamblea Constituyente que iba a refundar el Ecuador.

El clímax melodramático llegó hace dos años, con la idolátrica procesión que llegó desde el Perú, atravesó nuestras ciudades en medio de desfiles colegiales y militares, y culminó en Caracas, trasladando las “cenizas” de Manuelita para que se reúnan en abrazo final con las del Libertador, en medio del regocijo chavista. Si una definición sencilla de “símbolo” es la de aquello que está en lugar de la cosa, el más complejo proceso de “simbolización” abarca diferentes momentos y etapas en la producción del pensamiento. ¿En cuál estamos nosotros? ¿En la etapa más definitiva de la generación de conceptos, o en la más primitiva de la búsqueda y localización de objetos materiales, para elevarlos a la categoría de reliquias, y servirnos de ellos para la invención de ceremonias y la erección de santuarios?

Así entendida y practicada, la Historia se convierte en la parodia de una religión y la patria en una Jerusalén criolla, ciudad santa llena de lugares sagrados, cuya posesión efectiva se han disputado durante siglos, moros, judíos y cristianos. ¿La disputa por la posesión de unas reliquias mejorará en algo la situación de los ecuatorianos? ¿A quién le interesa la transformación del ideario liberal alfarista en un culto con oficiantes y santuario incluido? Debemos admitir que en el momento actual, el pan no falta en la mesa de la mayoría de los ecuatorianos. Pero de circo ya empezamos a empacharnos. Por todo lo expuesto, y por el respeto que debería merecernos a todos el pensamiento (no la espada) de Eloy Alfaro, nomino al acto “entrega de espadas” para el premio Distracción Gubernamental del Mes, edición enero 2012.

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