lunes 26 de diciembre del 2011 Columnistas

Simón Pachano spachano@yahoo.com

Balance revolucionario

Este año se inició con el anuncio de profundización de la revolución ciudadana. No estaba claro qué significaba eso, pero debía ser algo serio porque fue dicho con solemnidad y hasta con cierta carga de amenaza por el líder. Por eso, porque no estaba claro, ahora que termina el plazo establecido queda como tarea saber en qué consistió esa profundización y cómo se la puede medir.

Un primer indicio puede ser el crecimiento económico, que ha sido excepcional dentro del periodo que llevamos de proceso revolucionario. Aunque los economistas que nos gobiernan siempre nos dijeron que la tasa de crecimiento no sirve para nada y que no debíamos preocuparnos por ese indicador, ahora sabemos que sí es importante y que constituye una constatación de que estamos avanzando. Pero si el crecimiento económico es la prueba de la revolución, entonces quiere decir que en América Latina hay varios países más revolucionarios que el nuestro, como Panamá o Colombia, y otros menos revolucionarios, como Venezuela, que no crece aunque flota en un mar de petróleo.

Lo revolucionario, se puede decir, es que el crecimiento vaya de la mano de la redistribución y de la reducción de la pobreza. Esos son dos indicadores que el Gobierno puede mostrar con orgullo al final de este año. Pero hay que considerar que en los cuatro años anteriores ellos estuvieron estancados. La pobreza, que bajó durante el periodo anterior, se mantuvo inamovible desde el inicio de este gobierno y la inequidad en la distribución del ingreso subió levemente. Por tanto, podría decirse que este año dieron pie con bola. Algo han hecho bien, pero deben estar conscientes también, para no repetirlo, de que antes estuvieron haciendo algo mal.

El kilómetro de carretera per cápita puede ser patentado como medida de profundización revolucionaria. En ese aspecto sí ha habido logros, no solamente en este año, sino desde el inicio del proceso. El asfalto y el concreto demuestran que la revolución avanza, e incluso en un determinado momento sirvieron para que progresara el hermano constructor. Sí, se debe patentar esta medida, porque cada kilómetro adicional constituye un logro revolucionario, aunque no falten los aguafiestas que sostienen que es lo mismo que hicieron muchos países no-revolucionarios durante el siglo XX. Seguramente lo revolucionario está en hacerlo en el siglo XXI.

Donde se han producido los mayores avances es en la lucha contra los sicarios de tinta y sus patrones. Allí se ha anotado varios triunfos, especialmente en los juzgados que han demostrado la agilidad y eficacia que puede llegar a tener la justicia cuando ya es de todos. Además, debido a que el problema tiene dimensión planetaria se lo ha presentado como tema central en cuanta cumbre presidencial ha habido. Allí, en una verdadera cruzada revolucionaria, se ha denunciado con valentía y decisión a los organismos que atentan contra la soberanía nacional. Deben palidecer de envidia los espíritus de los Pinochet, los Videla o los Bordaberry que nunca tuvieron estos foros para sostener esas posiciones. Sin duda, la revolución se profundiza.

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