- DIC. 26, 2011 - Foto - Política - EL UNIVERSO
QUITO. Fernando Cordero (AP) estará al frente de la Asamblea Nacional hasta mayo del 2013.
El año que termina fue complejo para el presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Cordero (AP), tanto por las observaciones a su trabajo legislativo como por los cuestionamientos a su liderazgo como titular de esta Función del Estado y dentro de Alianza PAIS.
La falta de fiscalización, las maniobras políticas para acorralar a la oposición, la ausencia de diálogo, el manejo arbitrario del Parlamento son, a juicio de sus detractores, las características negativas de su gestión.
Pero también se le endilga su presunta obsecuencia con el Ejecutivo y su complicidad para el acaparamiento de los poderes del Estado de parte del presidente de la República, Rafael Correa.
Sin embargo, estos puntos de vista son minimizados por sus coidearios del movimiento oficialista, pues para ellos, Cordero es un equilibrio entre el Legislativo y el Ejecutivo y entre las bancadas parlamentarias por su capacidad de diálogo y de búsqueda de consensos.
Y esta polarización de opiniones ha sido la que ha marcado el accionar de Cordero desde que dirige a la Asamblea Nacional desde el 2009.
Hay hechos que la oposición los critica. Uno de ellos es, según señalan, la actuación de Cordero en la consulta popular convocada por Correa para el pasado 7 de mayo.
En seis de las preguntas de la consulta se tocaron temas relacionados con el trabajo de la Asamblea. Y a juicio del legislador Enrique Herrería (ex-MG), “Cordero tuvo una actitud cómplice con ese proceso que abonó a la desinstitucionalización de la Legislatura”.
Herrería sostiene que Cordero dejó pasar en la consulta temas como la imposición de una ley de comunicación que ya está contemplada en la Constitución y que le correspondía a la Asamblea defender la obligación a impulsar la construcción de este cuerpo legal.
Según Herrería, en este caso “Cordero tuvo un comportamiento silencioso que responde a los caprichos del jefe de Estado, que entiende al Parlamento como un apéndice del Ejecutivo”.
Ese argumento es rebatido por Rolando Panchana (AP), quien precisa que Cordero no podía hacer nada en la consulta porque Correa está facultado a convocar a la ciudadanía a un plebiscito.
Descarta también que exista un proceso de desinstitucionalización del Poder Legislativo y advierte que este organismo ha tenido una buena producción de leyes en el 2011.
Para Virgilio Hernández (AP), la presencia de Cordero da un sano equilibrio entre las funciones Ejecutiva y Legislativa y entre las organizaciones de la Asamblea Nacional. La muestra para él es que las leyes, con excepción de la reforma tributaria, que pasó por el ministerio de la ley, sufrieron transformaciones radicales en los textos con lo que se demuestra que el papel de la Asamblea fue vital.
No obstante esa tesis, según Francisco Ulloa (MPD), es tal el sometimiento del Parlamento hacia el Ejecutivo que en los últimos años Cordero no insistió en crear una comisión para analizar los informes anuales del primer mandatario.
Además cita el caso de la Ley de Fomento Ambiental y Optimización de Ingresos del Estado, que no fue debatida en el Parlamento. El director del Servicio de Rentas Internas, Carlos Marx Carrasco, a pocos días de que la Comisión de lo Económico Tributario no emitió el informe para primer debate, sentenció que el proyecto pasará por el ministerio de la ley. Esto, a juicio de Fausto Cobo (SP), fue una tremenda intromisión en el trabajo del Parlamento que Cordero dejó pasar.
César Rodríguez (antes de AP) cree que la gestión de Cordero es por lo menos “errática”. Señala que se arroga funciones, entre otras cosas, al querer convertir al Consejo de Administración Legislativa en un centro de calificación para el inicio de los procesos de la fiscalización a los funcionarios públicos.
Otro hecho que marcó este año legislativo de Cordero y que él mismo reconoce fue su reelección. Este acto resultó polémico: tres votos en blanco y dos abstenciones fueron claves para que lograra las 63 voluntades para poder continuar en la presidencia de la Asamblea.
En esa accidentada sesión del pleno se mostró un asambleísta Cordero preocupado y ansioso. “Anula, anula”, gritaba en el estrado a su coidearia Irina Cabezas, quien dirigía la reunión, para que repitiera una votación en la que supuestamente se alteró el voto del asambleísta Fernando Vélez (ex-SP).
Según Rodríguez, este proceso develó a Fernando Cordero sin estrategia ni definición política, solo con la misión de aferrarse al poder.
Herrería señala que además de las triquiñuelas con las que Cordero obtuvo la reelección es que no existe propósito de enmienda y prevé que continuará el 2012 reproduciendo la misma cuestionada actitud que ha tenido en su administración anterior.