Sistema vial

Julio César Ubilla Abad,
arquitecto, Guayaquil.- Regresar al Ecuador después de un largo recorrido por el sistema vial de los Estados Unidos, resulta frustrante si consideramos que en nuestro país la red vial, incluyendo las vías primarias y secundarias, apenas llega a los 8.672 kilómetros; cifra muy distante de los 75.376 kilómetros de autopistas, y de los 6'465.799 kilómetros de carreteras convencionales que tiene esa nación.

Es increíble que Ecuador siendo petrolero por más de 40 años, no cuente con autopistas que justifiquen su riqueza; es decir, vías especialmente proyectadas, construidas y señalizadas para la exclusiva circulación de automóviles.

Su infraestructura vial caduca, troglodita, y concebida para el uso de los caballos, necesita con urgencia ser reemplazada por vías rápidas que permitan a todas las ciudades ecuatorianas disponer de acceso directo y tener situada a un alto porcentaje de la población a menos de 30 kilómetros de una vía de alta capacidad; a fin de que el sistema tenga un papel destacado en la vida diaria de sus habitantes, permitiendo que la distribución de todos los bienes y servicios se realice por autovías interprovinciales.

Para ello se requiere dar el primer paso, no reencauchando las estrechas carreteras existentes o ampliándolas de manera desordenada, sino elaborando un plan de ordenamiento territorial vial como herramienta o instrumento de gestión, compuesto por un conjunto de objetivos, directrices, políticas, metas, programas, actuaciones y normas adoptadas para administrar y orientar estrategias que determinen la clase y uso de vías, en el término de 20 años o en cinco periodos de gestión gubernamental.

Los gastos de construcción y mantenimiento serían financiados por el contribuyente, por las tasas a los vehículos pesados por distancia recorrida como se hace en Europa a través de la Euroviñeta; por gravámenes a los vehículos que más deterioran las infraestructuras, y principalmente impuestos sobre la gasolina y los peajes en autopistas y puentes, como se lo hace en las grandes ciudades del mundo.

Es posible que este proyecto en nuestro país tercermundista, políticamente no venda, porque se toca el bolsillo del usuario porque estamos acostumbrados a que todo nos lo regalen, pero es la única forma de pensar en grande y salir del subdesarrollo mental en que vivimos.

Julio César Ubilla Abad,
arquitecto, Guayaquil

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