Las cruces sobre el agua, parte de la memoria guayaquileña

En 'Las cruces sobre el agua' el testimonio de una época y contexto social se cruza con la ficción para convertirse en memoria.

La obra escrita por el guayaquileño Joaquín Gallegos
Lara, publicada en 1946, se centra en los hechos del 15 de noviembre de
1922, cuando la brutal represión de la fuerza pública en las calles céntricas de Guayaquil dejó muchísimos trabajadores muertos y heridos.

La literatura se alimenta de la realidad y también de la historia; las publicaciones de Lara son un reflejo de esta función del arte de las letras.

Gallegos Lara perteneció al conocido Grupo de Guayaquil, junto a José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert y Alfredo Pareja. Y bajo el realismo social, la denuncia y la descripción de personajes fielmente ubicados en la
sociedad, la reproducción del habla, costumbres y estampas de la ciudad, los hechos del 15 de noviembre son registrados por la creatividad de 'Joaco', como era conocido por sus amistades.

Para el narrador guayaquileño Miguel Donoso Pareja: "La propia organización del discurso novelístico le da autonomía y especificidad, convierte en materia literaria el referente real". Por eso es que para críticos literarios la obra de Gallegos Lara es la novela de Guayaquil.

La obra
Aunque son de distintas clases sociales, la fraternidad y la amistad coinciden en la ideología política de Alfredo Baldeón y Alfonso Cortés, los dos personajes que conducen la historia de 'Las cruces sobre el agua".

Alfredo Baldeón, el hijo de un humilde panadero, quien desde joven muestra un carácter rebelde, fue uno de los cabecillas de las huelgas de su ciudad natal.

A la presentación y acciones de los personajes se suma el escenario de Guayaquil: "Vista a comienzos del siglo pasado, con la peste bubónica, los
tranvías tirados por mulas, las primeras salas de cine, los trabajos,
el desempleo, la miseria. Dado que la acción de la novela transcurre en
la ciudad", menciona Jorge Enrique Adoum en el prólogo del libro de la
Campaña Eugenio Espejo.

Una de los capítulos y líneas detonantes de la novela se centra en la huelga del 15 de noviembre: "Era demasiada gente. Nunca se había lanzado tanta de golpe a las calles. Gallinazo suponía que era todo Guayaquil, menos los ricos. Iban tan apretados que no se diferenciaban los zarrapastrosos pantalones, las camisas mojadas de sudor, las oscuras bocas con los dientes bañados de sol y risa. Las mujeres, recogiéndose las faldas, empujaban con los puños, buscando sitio en las primeras filas”.

Para los lectores el repaso de "Las cruces sobre el agua" los convierte en testigos de un hecho histórico que puede ser vivido una y
otra vez en la memoria de los guayaquileños.

"Las ligeras ondas hacían cabecear bajo la lluvia las cruces negras
destacándose contra la lejanía plomiza del puerto". Alfonso pensó que,
como el cargador lo decía, alguien se acordaba. Quizá esas cruces eran
la última esperanza del pueblo ecuatoriano.