- NOV. 06, 2011 - Foto - Economía - EL UNIVERSO
Napoleón Guillén, cuando en el 2007 aún se dedicaba a fabricar armas en el cantón San José de Chimbo, en Bolívar.
Los exfabricantes de armas conocidos como armeros, que viven en el cantón San José de Chimbo, en la provincia de Bolívar, y que dejaron esta actividad de forma paulatina desde diciembre del 2007, ante los ofrecimientos de nuevos emprendimientos productivos planteados por el actual Gobierno para reducir la fabricación nacional de armas, ahora se debaten entre el desempleo y la falta de sustento.
Ese es el caso de los hermanos Adán y Luis Guamán. Ambos reciben el bono de $ 35 mensuales que el Gobierno otorga, pero este monto no les alcanza para subsistir. A ello se suma la falta de permanencia de los contratos concretados por el régimen a cambio de que abandonen la actividad de fabricar armas.
“Estuve dedicado a hacer pupitres y camas, pero desde hace seis meses ya no hay ningún contrato. Vivimos del bono y de los ahorros producto de la venta de las herramientas con las que hacíamos las armas”, dice Luis Guamán, de 67 años, quien suspendió el pago de la mensualidad voluntaria al Seguro Social, por lo que no podrá jubilarse, ya que no cumple con la cantidad de aportaciones requeridas.
Su hermano, Adán, de 63 años, repara bicicletas y cocinas cuando no hay contratos con el Gobierno. En igual situación están las familias que vivían de unos 35 talleres para fabricar armas que se cerraron, según Napoleón Guillén, expresidente de la Asociación de Armeros 22 de Abril, de San José de Chimbo.
“Mi padre fue quien diseñó y fabricó la primera escopeta en Chimbo (1930), este arte quise heredar para el resto de mi vida, pero junto a las 35 fábricas de armeros, asociadas y no asociadas que técnicamente fabricábamos escopetas; en este gobierno nos vimos obligados a cerrar, hoy nos dedicamos a fabricar camas, sillas y todo lo que asome, porque hay que comer y educar a nuestros hijos”, admite Guillén.
Otros exarmeros como Eduardo Cruz, se dedican ahora a cultivar la tierra. “A mí, a pretexto de que mis herramientas no tenían las respectivas facturas, me decomisaron tornos, taladros, fresadoras y para poder comer tuve que vender lo poco que me quedó de herramientas”, dice Cruz, un exfabricante de escopetas de munición.
En Chimbo quedan 14 armeros que tienen permiso para fabricar armas, que son vendidas a empresas de seguridad, bajo el control del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, según Antonio Tandapilco, uno de los armeros que aún se dedica a esta actividad.