- OCT. 18, 2011 - Foto - Cine y TV - EL UNIVERSO
Escena del documental Con mi corazón en Yambo, ópera prima de María Fernanda Restrepo.
La cinematografía generalmente se asocia a la ficción, para el espectador promedio acostumbrado a mirar carteleras repletas de títulos comerciales y marketeros.
El cine documental es considerado en ese marco, como un elemento aburrido para muchos, debido a que su ritmo narrativo suele, generalmente, no corresponder a la vorágine audiovisual a la que hemos adecuado nuestros ojos.
Desde esta perspectiva Con mi corazón en Yambo, ópera prima de María Fernanda Restrepo, posee un valor incalculable para el cine documental ecuatoriano.
La cinta no está concebida con el despliegue escenográfico y actoral que podría necesitar, pero su valor viene escrito en nombre del testimonio, bajo la premisa de recordar para no dejar morir, como homenaje al amor familiar.
La historia de los estados se escribe sin lugar a dudas, desde el discurso de la oficialidad en tonos blancos y negros que admiten un montón de matices, que generalmente no estamos dispuestos a ver, porque verlos equivaldría también, en buena lid, a cuestionar y buscar respuestas.
El caso de los hermanos Restrepo es “un estigma para la Policía Nacional”, expresa Pedro Restrepo, en una escena de la producción.
Esta frase es la esencia de la historia que se tejió y que aún no termina de desempolvarse, en lo referente a este hecho que conmovió a un país, desde 1988, que mereció la mirada internacional y que hizo tambalear a todos los estamentos que en materia de Derechos Humanos se han escrito con la firma de los tantos mandatarios que ha tenido el Ecuador.
La óptica de María Fernanda Restrepo se inscribe desde el recuerdo, un recuerdo que no es tan claro desde la memoria de los 10 años, pero que se construye con el discurso del otro; un recuerdo que también se enfrenta (esta vez con cámara y micrófono en mano) a los rostros y las voces de la indolencia, la ironía, el sarcasmo y la burla que frente al dolor muchos enarbolaron como discurso de un ficticio mea culpa sin mayores golpes de pecho.
La cinta ha recibido ya varios galardones y está concursando en festivales internacionales. Su camino aún se está escribiendo, así como la historia de la familia Restrepo.
Ni perdón, ni olvido; es la frase que se asocia a las manifestaciones que frente a Carondelet y durante 20 años han protagonizado enormes banderas con los rostros de Santiago y Andrés Restrepo.
Sin lugar a dudas, el cine en las manos de la novel cineasta, vuelve sus ojos a quienes están sentados en la butaca para increparlos, para no permitirles borrar el pasado y para exigirles que el presente que se construya no tenga tintes de impunidad.