- OCT. 16, 2011 - Foto - Política - EL UNIVERSO
Publicación del diario Últimas Noticias, del 7 de enero de 1981. El presidente Jaime Roldós en el Regimiento Quito, un día antes.
León Febres-Cordero lideró la interpelación a Carlos Feraud, a quien acusó de irregularidades en la importación de juguetes.
Caricatura de Roque publicada en diario El Comercio el 6 de enero de 1981.
Caricatura de Roque publicada en diario El Comercio el 13 de enero de 1981.
El conflicto se superó el mismo día, tras 14 horas de negociación entre el personal de tropa y el alto mando policial.
Fue el 5 de enero de 1981. No se iniciaron las operaciones del servicio policial en el Regimiento Quito Nº 1, también conocido entonces como cuartel San Gregorio, al noroccidente de la capital.
Desde las 06:00, personal de tropa se declaró en paro. Planteó reivindicaciones y exigió la renuncia del ministro de Gobierno, Carlos Feraud, a quien se declaró enemigo de la institución. Los policías rasos protestaban por el atraso en el pago del sueldo de diciembre y la bonificación navideña prometida por el Gobierno, así como por la mala calidad de los juguetes que les habían entregado en Navidad.
Colocaron vallas para impedir el paso al cuartel, incendiaron llantas y maderos, y hasta arrojaron los utensilios de la cocina para mostrar su vetustez. Estaban armados con carabinas, revólveres y pistolas. Hacían disparos al aire y lanzaban gritos de reclamo. Las versiones policiales recogidas señalaban que los manifestantes sumaban entre 800 y 1.000 uniformados.
De acuerdo con información publicada por EL UNIVERSO, los policías-choferes guardaron los vehículos que suelen salir regularmente a la distribución del personal para el control del tránsito. Los uniformados se armaron y salieron rumbo al Grupo de Tránsito de Pichincha en cuatro vehículos de matrícula particular, un volquete, un camión y dos camionetas.
Según el entonces jefe del grupo de tránsito de Pichincha, Byron Pinto, entre los 20 policías que llegaron a esa unidad algunos estaban embriagados y lanzaban bombas lacrimógenas al interior del reparto policial porque la tropa de ese lugar se negó a unirse a las manifestaciones.
Tras los enfrentamientos, el policía José Robles resultó herido de bala en la pierna izquierda y cuatro policías fueron detenidos. Según la publicación, varios oficiales veían al movimiento como una prolongación del reclamo por la destitución de Joel Zaldumbide de la Comandancia General de la Policía, quien tenía respaldo institucional, pero no del Gobierno.
Pero el comandante general de la Policía, Francisco Freire, desmentía los enfrentamientos. Decía que todo estaba en calma y que una comisión analizaba los pedidos policiales.
Al mediodía, la tropa concentrada en el Regimiento Quito, principal foco del conflicto, presentó al ministro de Gobierno, Carlos Feraud, un pliego de 12 peticiones, entre esas la destitución del ministro de Gobierno, la salida de dos altos jefes del Regimiento Quito por su trato déspota con la tropa, la nivelación de sueldos, el pago de una bonificación anual, la dotación anual de indumentaria, mejoras en el rancho (pago por alimentación), libertad de los compañeros detenidos y no responsabilidad al personal de tropa, atención médica adecuada y mejoras en el comisariato.
Además, se pidió reformar el decreto 316, de abril de 1979, que creó un subsidio de antigüedad que contenía artículos que consideraban inconvenientes para la de cesantía. En otra versión, publicada al día siguiente, se mencionaba entre los pedidos el pago de gastos de residencia a la tropa, partida para el mantenimiento de cuarteles, equipamiento de vehículos y otros.
En el Cuartel Modelo de Guayaquil se sumaron al paro con la salida del segundo turno, que empezaba a las 11:30. A esa hora la tropa se enteró de lo sucedido en Quito y se negó a realizar el servicio normal, según dijo el jefe provincial (e) de la Policía del Guayas, Hugo Rocha. “Esto se debe a la forma cómo en los últimos días ha sido tratada la institución por el asunto del reparto de los juguetes y del pago del aguinaldo navideño”, afirmó.
Minutos antes, con un altavoz, Rocha hacía un llamado a la cordura a los sublevados, pero muchos prefirieron continuar jugando fútbol y volley. Luego, cuando Rocha intentó convocarlos para que depongan la medida, lanzaron gas al sitio donde se pretendía hacer la reunión.
La primera reacción del régimen ¬manifestada por el ministro Feraud¬ fue que el Gobierno no cedería y que los paros no eran el sistema legal para reclamar, más de quienes están obligados a respetar el orden.
Remarcó que la Policía sí había sido atendida, pero que había pedidos que se iban a estudiar y corregir, aunque no se podían solucionar todos. Añadió que la sanción a Zaldumbide había sido por indisciplina.
Un oficial, ahora retirado de la Policía y que pidió la reserva, dice que todos los años, además del decimotercer sueldo, el Gobierno les daba juguetes para los hijos menores de 12 años. “Siempre llegaban buenos juguetes, marca Tonka, como carros, muñecas, bicicletas pequeñas. Pero en el Gobierno de ese entonces, cuando entregaron los juguetes en los comandos de los cuarteles, hubo una gran sorpresa por su mala calidad. Nos dieron muñecas de trapo y carros de plástico. Fue prácticamente una basura. Eso generó descontento en el personal de tropa y se dio una paralización en el Regimiento Quito y hasta la quema de juguetes en algunos comandos”.
Ocho meses después, en septiembre de 1981, el entonces diputado León Febres-Cordero lideró la interpelación y destitución de Feraud, a quien acusó de irregularidades en la importación de juguetes (caso conocido como “muñecas de trapo”).
De acuerdo con la información publicada el 6 de enero de 1981, al no obtener respuestas la tarde anterior, los policías que protestaban desde el Regimiento encargaron al capellán de la dependencia que sea el intermediario de las negociaciones.
A las 14:00, el comandante Freire pedía bajar los ánimos a los policías, pero –45 minutos después– los oficiales que estaban en el Regimiento Quito fueron obligados a abandonarlo.
A las 18:00, se designó una comisión integrada por delegados de las ocho compañías del Regimiento Quito para que se reúna con delegados del Gobierno. Uno de los amotinados había declarado a El Telégrafo que aumentaban los rumores de que se preparaban tropas de las FF.AA. para atacar el cuartel, por lo que alertaron de que tal situación podía culminar en una matanza inútil e insistían en que su protesta no tenía tintes políticos.
El conflicto generó un gran movimiento en las altas esferas del Gobierno. A las 18:30 fueron al despacho presidencial los miembros del comando superior de Policía, quienes habían pedido ser recibidos en audiencia por el entonces presidente de la República, Jaime Roldós.
De acuerdo con El Comercio, Roldós les dijo allí que el Gobierno no podía admitir la situación producida en la Policía y que era obligación de los altos jefes poner fin a esta situación. El conflicto se superó el mismo 5 de enero de 1981, tras 14 horas de negociaciones entre el personal de tropa y el alto mando policial. Y a las 21:30, Feraud anunciaba la terminación del problema.
Al día siguiente, Roldós visitó de forma sorpresiva el Regimiento Quito, principal foco de la insurrección. Según las crónicas publicadas, durante su recorrido de 30 minutos constató las condiciones de vida del cuartel. Según Últimas Noticias, inspeccionó los dormitorios de la tropa y ofreció dotarles de mayor comodidad. Revisó los roles de pago de diciembre y recibió informes de cada unidad de que se habían concretado los cambios rutinarios de la guardia.
Fue despedido con aplausos por el personal policial. Los saldos rojos no pasaron de un herido, cuatro detenidos y varios oficiales investigados o removidos. No hubo muertos.