Soledad y enfermedades se aplacan en 3 gerontológicos

Justo Loor y Vicenta Pinela se conocen desde hace dos años y llevan casi el mismo tiempo de enamorados. “Creo que nos vamos a unir, aún mis hijos no saben, pero nos queremos”, confiesa ella. Mientras él comenta que han comprado cosas para la casa que desean compartir y le da un beso que desata los aplausos de quienes los rodean.

Los dos tienen 68 años y son parte de los 70 adultos mayores que acuden al taller de neurosicoestimulación del grupo de trabajo de la tercera edad del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), en las calles Luque y avenida del Ejército, uno de tres centros que brindan este tipo de atención especializada en Guayaquil.

“Tienen un nivel intermedio de demencia, o sea con olvidos, confusión y desorientación, pero no tan severos, se hace más lento el deterioro y se trabaja con síntomas”, explica el coordinador de esa área de la institución, Germán Tinajero.

El gerontólogo afirma que a pacientes como ellos se los estimula con terapia física, mental y emocional, divididas en tres etapas, según su avance.

Elena Núñez acompaña hace dos años a su madre Julia Bajaña (78 años) y cuenta que desde esa época mejoró su salud, ya que tenía muchos desmayos.

Al lugar acuden unos 900 adultos mayores a talleres de yoga, gimnasia aeróbica, pintura, ejercicios, guitarra, bailoterapia, taichi, modelaje y computación.

En la sala de pintura, Sara Núñez (71 años) da los últimos trazos de un paisaje con su pincel, mientras recuerda cómo llegó. “Me he concentrado tanto en esto, aquí he aprendido a vivir y a hacer nuevos amigos, mi esposo falleció hace un año, vine en la lona”, narra Núñez.

Una historia similar vivió su compañera Margot Rodríguez, de 75 años, quien perdió a su pareja de medio siglo y gracias al arte hoy afirma “ser una artista con pinturas preciosas”.

“Hacemos lo que queríamos hacer toda la vida, con el trato nos hacen sentir como unos jóvenes”, dice Arturo Cantos.

Los “abuelitos” para inscribirse deben tener jubilación o montepío con el IESS, portar una copia del carné de afiliado y de la cédula de identidad y dos fotos, entre 08:00 y 16:30.

Tinajero cree que en la ciudad aún no hay cultura gerontológica. “Lo más fácil para las familias es meterlos en un asilo y eso es un precementerio”.

Coincide con él Rosa Azúa, quien es directora del centro gerontólogico municipal Arsenio de la Torre y afirma que el problema está en la concepción con que se trata la vejez.

“Tiene que cambiar el imaginario social que se ha creado en torno al adulto mayor, de que es un estorbo en la familia y un enfermo”, indica Azúa y agrega en los asilos “no hay una atención que permita integrarlos a la sociedad”. Además que es necesaria una reforma a Ley del anciano de 1992 y que otras instituciones se preocupen por crear espacios fijos similares.

Tienen capacidad para 400 usuarios, pero una lista de espera de 600, ya que es gratuito. Abre de 08:00 a 12:00 donde se practica terapia física y ocupacional, gimnasia acuática, taller psicológico, teatro y danza.

El servicio es para quienes carezcan de cobertura del IESS, como Laura Imbaquingo, de 82 años, que conforma La Escuelita, un grupo teatral y de baile que se presenta en planteles.

“Damos a conocer el respeto que debemos practicar hacia los demás, este lugar es mi segundo hogar”, dice sonriente.

“Gracias a mis amigos me siento feliz, antes vivía agobiado en un cuarto, estoy transformado”, dijo Wilfrido Jiménez.

Azúa estima que en Guayaquil hay unos 200.000 adultos mayores, de los cuales la mayoría no tiene acceso a servicios, especialistas y espacios urbanos acondicionados a su edad.

También trabajan con clubes de la tercera edad en Fertisa, Bastión Popular y Cisne II.

Entre las opciones privadas de atención existe la que propone La Casa de los Abuelos, ubicada en Los Ceibos, que dispone de guardería y residencia. En la una, los integrantes ingresan por horas y vuelven a sus hogares, mientras que en la otra opción viven ahí, ambos grupos comparten la jornada. Los valores varían de $ 190 a $ 950.

“La palabra asilo tiene un karma negativo, esto es un hospedaje, en un entorno familiar”, dice su directora, Ana Olmedo. Ellos realizan artesanías, gimnasia, entre otras actividades.

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