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Carlitos vive en nosotros

Su vida fue un ejemplo de lucha y dignidad. Pese a sus dolencias nunca se doblegó, más bien se fortaleció. Tenía muchas ganas de vivir pero la muerte lo sorprendió a dos meses de cumplir 25 años de edad.

Carlos Rafael Mora Peñafiel, el último sobreviviente de los 21 pacientes con insuficiencia renal crónica que fueron infectados con el VIH-Sida en la clínica del doctor Galo Garcés Barriga en 1995, falleció en la noche del pasado domingo producto de un infarto que le sobrevino en su casa luego de haber asistido a una función de cine con un grupo de amigos.

“Me siento mal, no puedo respirar, me duele el pecho”, contó una amiga que le dijo Carlitos a su madre e incansable protectora, Liduvina Peñafiel, quien tal como lo hizo durante los últimos 16 años lo acompañó a una casa de salud para salvarle la vida, pero la muerte le había ganado la batalla al luchador.

Los médicos de la clínica Alborada comprobaron su deceso, alrededor de las 23:00.

Fue cuestión de pocos minutos para que la noticia de su muerte inunde las redes sociales, donde quienes lo conocieron de cerca y otros que supieron de su lucha lamentaran su pronta partida.

Ayer, la sala La Paz, de Jardines de Esperanza, albergaba el ataúd con los restos de Carlitos. Allí estaban Liduvina y su esposo Eusebio, familiares y amigos a darle su último adiós.

En esa sala se recordaron los pasajes tristes y alegres, anécdotas y frases motivadoras de Carlitos. Todos coincidieron en que él fue íntegro y admiraron su solidaridad y que pese a que una negligencia médica le trastocó su vida jamás sintió odio.

Esos sentimientos los plasma en su libro 21, historia de un sobreviviente, que publicó el 16 de septiembre del 2006 cuando cumplió 20 años de edad.

“Ansiar justicia no es venganza, se trata de lograr que en mi país nadie vuelva irresponsablemente a jugar con la vida de otros seres humanos y que se respete a quienes padecemos VIH y que no se nos discrimine”. Con esas palabras resumió su objetivo de vida.

Carlitos siempre denotó su decepción con la justicia que no recayó sobre el doctor Galo Garcés, en cuya clínica, por no tomarse las medidas sanitarias adecuadas, se contagió durante las sesiones de hemodiálisis a 21 personas, en su mayoría pacientes afiliados al IESS.

Incluso Carlitos en su libro critica la inacción de la justicia que facilitó que el médico huya del país y se refugie en Estados Unidos, donde esperó que prescriban los procesos.

Rafael Estévez, abogado de la familia Mora Peñafiel, recordó ayer en la sala de velación estos episodios que calificó de “vergonzosos” y pidió al Estado que se reabra el caso.

Su libro, más que una autobiografía fue un homenaje, dijo Carlitos, a los otros 20 pacientes de la clínica Garcés que se le adelantaron en su viaje a la eternidad: Guillermo Vera Rugel, Francisco Villegas Soto, Luis Valdivieso Morán, Washington Salazar Cueva, César Arellano Cuenca, Luis Díaz, José Chávez, Alberto Canchong Chong, Pedro Bermeo Vera, José García Sánchez, Diana Armijos Ríos, Roy Loor España, Freddy Alvarado Alarcón, Héctor Alvarado Alvarado, Manuel López Chávez, Wilfrido Armijos Ríos, Josefina Ronquillo Ronquillo, Haroldo Saltos Delgado, Froilán Vargas Cornejo y Andrés Benítez Villamar. “Estos fueron mis compañeros valerosos a quienes les fue arrebatada su dignidad, su familia y su vida”, escribió.

Los restos de Carlitos Mora se sepultan hoy, a las 17:00 en Jardines de Esperanza. A las 10:00 estarán en la Catedral, donde a las 12:00 se oficiará una misa.

Proceso

1995, octubre
Carlitos fue contagiado junto a otros 20 pacientes de VIH en la clínica de hemodiálisis del Dr. Galo Garcés.

1996, octubre
Se inicia el proceso contra Galo Garcés Barriga en el Juzgado 15 de lo Penal del Guayas.

2001, agosto y octubre
Los dos juicios que se iniciaron contra los dueños de la clínica Garcés, prescribieron (se extinguieron) porque no se realizó la detención del propietario del centro ni de su hijo, Galo Garcés Lituma.

2002, marzo
Los familiares de los fallecidos solicitan la extradición de los Garcés.

2010, enero
Carlos Mora es condecorado por la Junta Cívica.