Se realizó primer trasplante muscular en Guayaquil

En marzo del 2010, el cirujano plástico reconstructivo Juan Pedro Barret realizó el primer trasplante total de cara en el mundo hasta entonces. Sucedió en su natal España y a Óscar, un joven accidentado a quien se le dio una nueva nariz, piel, mandíbulas, pómulos, dientes y otras facciones.

Barret vino a Ecuador para participar ¬desde el lunes hasta ayer¬ en un Congreso Internacional de Trasplante de Cara, en el que además de compartir su conocimientos con cirujanos plásticos ecuatorianos, realizó una transferencia muscular libre del gracilis. Esta intervención, que se practicó en el Hospital Naval, es necesaria para corregir una parálisis del plexo braquial (estructura nerviosa localizada en la base del cuello y el hueco axilar).

El paciente fue Hugo Vargas, de 25 años, un infante de Marina que debido a un accidente perdió la movilidad y sensibilidad del brazo izquierdo. “Me quedó colgando”, comentó el joven, cuya incapacidad lo sumió en la depresión.

Vargas había perdido toda movilidad del brazo y no era susceptible a ningún tratamiento quirúrgico a nivel de reparación nerviosa. Él ya había sido operado en Quito para determinar los daños internos que tenía su brazo, Durante dos años realizó rehabilitación, pero no obtuvo mejoría, dijo el marino oriundo de Los Ríos.

El experto español en microcirugía reconstructiva contó que en la intervención de Vargas debieron trasplantar los músculos de la pierna ¬con sus nervios y arterias¬ al brazo; “aquellos que se podían coger y no afectaban al paciente al caminar”, explicó.

El trasplante muscular realizado a Vargas es el primero en practicarse en el Ecuador, dijo el especialista nacional Juan Pablo Cáceres, quien operó con Barret y es parte de la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Estética (SECE), organizadora del congreso Ahora el marino debe esperar seis meses para recobrar la movilidad.

De su experiencia en trasplantes de cara, Barret reveló que aunque son pocos en el mundo, se realizan en pacientes que tienen un problema de deformidad que les impida respirar o hablar. El proceso es complicado y se advierte, dijo, que puede ser mortal.


La recuperación completa en cuanto a la movilidad y la sensibilidad luego de un trasplante tarda entre 12 a 18 meses, anotó Barret. Óscar, por ejemplo, lleva casi un año de operado y ya cierra completamente los ojos, sonríe y tiene sensibilidad.

Explicó que el trasplante de cara es similar al del hígado o un corazón. Esto, porque la cara le pertenece a otra persona. Es, por tanto, el resultado de una donación y su procedimiento consiste en cortar el rostro entero ¬junto con los huesos¬ de manera estructurada, casi hasta la faringe. Luego se coloca ese bloque en la cabeza del paciente que recibe el tejido.

Aunque este tipo de intervenciones se realiza con la cara de alguien más, los rastros faciales no serán los mismos, pues la estructura ósea se debe adaptar al cráneo del paciente, señaló el médico español. “Lo que hacemos es crear una nueva identidad, que no se parece ni al paciente como era antes ni al donante”, concluyó.

Actividad en Ecuador

El cirujano plástico y experto en microcirugía reconstructiva ofreció esta semana una conferencia ante la Sociedad de Cirujanos Plásticos del Ecuador. Allí abarcó temas como el tratamiento actual del traumatismo de cara, las fracturas del rostro, lesiones profundas, el uso de células madres en cirugía reparadora.

A favor de donación

Barret sostiene que para poder avanzar en cirugías enfocadas en trasplantes y que las personas donen sus órganos o los tejidos del rostro, es preciso hacer campañas y explicar la importancia de las donaciones. “Una persona que done puede dar vida hasta a 40 personas”.