No hay líderes. Lo escucho en todas partes y a veces yo mismo lo repito. Pero hay dos maneras de ver el mundo, con los lentes de aumento del optimista, o con las gafas oscuras del pesimista. El pesimista cree siempre que el vaso está medio vacío; el optimista, en cambio, insiste siempre en que está medio lleno. Lo mismo ocurre con la oposición. No hay una oposición como quisiéramos, no hay líderes de gran talla. Pero hay líderes. Con debilidades, sin una gran experiencia, pero que se esfuerzan.

Carlos Vera metió la pata con las firmas para la revocatoria del mandato y es demasiado vanidoso, pero en cambio es el único que se atrevió hasta ahora a convocar a la gente a las calles contra la dictadura.

Martha Roldós no tiene todas sus ideas políticas claras, pero le dijo las verdades a Rafael Correa en la cara y se fajó como nadie para denunciar el fraude electoral escandaloso en la consulta popular.

Andrés Páez se demoró más de lo necesario en romper con el Gobierno, pero ha desenmascarado la corrupción que imperó en la Asamblea Constituyente.

Fernando Villavicencio no nos convence todavía con sus propuestas sociales, pero si algo sabemos de los grandes negociados petroleros es gracias a su tenacidad.

Enrique Herrería demoró en romper en cambio con la partidocracia, pero fue el único que metió el dedo en la llaga cuando denunció que en Guayaquil no existía oposición.

César Montúfar sueña con negociaciones imposibles con la dictadura, pero recorrió el país a pie para concientizar a los ciudadanos.

Lourdes Tibán todavía no nos explica su ideología, pero se ha convertido en la voz más escuchada por la clase media y muchos pobres descontentos.

No los menciono a todos. Hay muchos que se me quedan en el tintero. Veo cuadros muy valiosos en el MPD, en Pachakutik, en Montecristi Vive, en el PSP e incluso en el PSC. Pero quedémonos allí por el momento para hacernos una pregunta fundamental: ¿qué tienen todos en común?

Primero, están unidos por un vínculo generacional, bordean los cuarenta años (unos más, otras menos). Es decir, pertenecen a la misma generación política de Rafael Correa. Así que acostumbrémonos a sus nombres, porque seguirán como protagonistas políticos por un buen tiempo.

Segundo, se han ubicado en la oposición. Bien o mal, con aciertos y errores (grandes errores en algunos casos), pero en la oposición. Pudieron ceder a la troncha y la teta, pero no, prefirieron el llano.

Tercero, no están atados firmemente a ningún grupo político, son relativamente independientes, lo cual es muy bueno, pero en cambio, por eso mismo, están solos, actúan como individuos, no como equipo, ni menos aun a través de partidos democráticos (los partidos son indispensables, no lo olviden), y eso es malo, muy malo.

Cuarto, no tienen un proyecto político claro, no sabemos bien qué clase de país nos pueden ofrecer. Y eso es lo más malo de todo.

Pero son la materia prima más inmediata para comenzar a constituir un amplio movimiento opositor unitario.

¿Podrán con ese desafío? ¿Estarán a la altura del llamado que les hace la historia? No lo sé. No tengo la respuesta. Solo me resta, como a ustedes, esperar a que desteten.

Que desteten
No hay líderes. Lo escucho en todas partes y a veces yo mismo lo repito. Pero hay dos maneras de ver el mundo, con los lentes de aumento del optimista, o con las gafas oscuras del pesimista.
2011-06-18T13:41:59-05:00
El Universo

Camilo Samán (d) junto a su abogado, Gutenberg Vera. Ambos afirmaron ayer que es legal todo lo actuado por la jueza que dictó prisión contra el periodista Emilio Palacio.

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