Estoy aprendiendo. A partir del fútbol callejero surgen preguntas, preocupaciones, constataciones y aparecen propuestas…
Sigo preguntándome cómo hacen las personas para vivir sumidas en la zozobra de la inseguridad, riesgos, y sin embargo, mostrarse sonrientes, colaboradoras y alegres.
Cuando venimos por las noches de zonas peligrosas de la ciudad, de barrios con callejuelas sumidas en la penumbra y llegamos a la 9 de Octubre parece que estuviéramos en otro mundo.
Los colores, los ruidos, la música, los dichos, la manera de vestirse para mostrarse elegantes sorprende a los de la otra “ciudad”… Son mundos superpuestos con poco en común a no ser la utilización de autobuses o metrovías.
Las conversaciones giran en torno a temas diferentes para unos y otros, tanto es verdad que el mundo no se ve, no se siente, no se vive igual desde una casa de caña en medio del lodo y pegada a otras, que en casas de cemento con calles pavimentadas, ni hablar cuando se vive en ciudadelas privadas con parques propios y guardias al entrar.
Sin querer sigo comparando esos barrios a una especie de basurero donde son arrojados al canto de promesas halagadoras los seres humanos que buscan un lugar donde vivir y no tienen los recursos para lograr algo digno. Las calles son un verdadero laberinto, los cables de luz, las aguas servidas, obstáculos a vencer si no se conoce la geografía del lugar y no están los ojos acostumbrados a la penumbra.
Descubro el poder de la basura… es maloliente pero genera energía, sin embargo, poco se recicla. Muchas veces se entierra. Más adelante se convertirá en abono... Los seres humanos no solo viven en ella sino que son tratados como tal.
Los que son capaces de sobrevivir en tales condiciones, muchas veces son los chivos expiatorios de una sociedad que los señala como los causantes de todos los males y delitos, que no les da trabajo si viven en “esos” barrios pero que los busca en momentos de las votaciones como los determinantes de las elecciones. Allí se tornan importantes, los consideran manipulables y seguidores de la mejor promesa.
Qué lejos estamos de la manera respetuosa como Mandela abordó los grandes temas políticos de su país y la prioridad que tenía de construir una sociedad en la que todos se respetaran. “Te necesito para ser yo, tú me necesitas para ser tú”, o como decía Martin Luther King “Nunca seré lo que debo ser hasta que ustedes no sean lo que deben ser”. Y algunas veces he citado la conmoción que me causó un mendigo de profundos ojos negros, abismado en su silencio, que se cobijaba debajo de un letrero que decía “Yo soy Tú”…
Quizás todos debamos preguntarnos si de verdad necesitamos a las personas que viven en los barrios basuras de nuestras ciudades. ¿En qué los necesitamos profundamente para que nuestras vidas sean mejores, qué aprendemos de ellos?
Cuando los equipos de fútbol callejero salen a las calles-canchas, en algunos lugares las madres los acompañan con banderas, con cantos, con alegría, hacen barras bulliciosas y llenan de alegría a sus equipos preferidos que miran de reojo el comportamiento de sus progenitoras. Alegría de vivir, como la flor de loto en el pantano.
Estoy aprendiendo… a necesitarlos.









