Hosni Mubarak, el hombre que ha sometido a Egipto por 30 años

Texto y Fotos: AGENCIAS
.- Renunciar al cargo no le resulta fácil al líder egipcio Hosni Mubarak, un piloto de combate de 81 años que ejerce como presidente de la convulsionada República Árabe de Egipto desde 1981, donde millares de personas exigen su salida.

Durante treinta años, Mubarak ha gobernado el país más poblado del mundo árabe, con mano de hierro y actuando en política exterior como mediador de Oriente Medio.

El político fue reelegido en 1987, 1993, 1999 y 2005. En noviembre pasado volvió a arrasar en las elecciones legislativas. No obstante, observadores electorales y ONG internacionales denunciaron irregularidades.

Más allá de la manifiesta preocupación por el caos que hundiría a Egipto, en caso de acogerse a la renuncia, al mandatario egipcio le preocupan otros escenarios que marcarían el futuro de la nación.

Hombre de ideología indefinida y sin un especial carisma, recogió el legado de su antecesor, Anuar El Sadat, con el propósito de convertirse en el gran mediador de Oriente Medio y mantener la paz con Israel. Para esta nación, el peor escenario sería que Egipto cayera en el bando de los islamistas.

La represión del islamismo y el empeño de Mubarak en mantener la paz con Israel también le valieron la enemistad de muchos egipcios y en otras naciones árabes que hoy se suman al rechazo al mandatario.

Con esta política y con la ayuda de Estados Unidos logró labrarse una reputación como estadista y convertirse en el aliado de Occidente en la región, postura que le ha merecido ser el segundo receptor de ayuda estadounidense en el mundo, detrás de Israel -la solicitud al Congreso para el 2011 es de poco más de 1.500 millones de dólares-, y ha sido pieza clave del ajedrez político de EE.UU. en Oriente Medio, en particular las negociaciones de paz.

En el interior del país ejerció un control férreo, ayudado por la Ley de Emergencia, vigente durante todo su mandato.

Esa Ley adquirió justificación cuando con ella se logró contener la ola de terrorismo islámico que sacudió a Egipto en los años noventa, pero también le sirvió a Mubarak para barrer la oposición política a su régimen.

Con la excusa de la lucha contra el terrorismo, la Ley de Emergencia permitió suspender las libertades de prensa y asociación, amplió los poderes de los órganos de seguridad y anuló derechos civiles y políticos. Hechos que sumados a la corrupción y creciente pobreza hicieron que las fuerzas de oposición ganaran terreno.