Cuyabeno está amenazada por sus riquezas subterráneas

Al extremo norte del país, entre Sucumbíos y Orellana, está una de las zonas más biodiversas del país, y según la opinión de expertos, también del planeta. Miles de especies florales, cientos de aves, mamíferos, anfibios y reptiles conviven en medio del bosque tropical y un extenso sistema lacustre; sin embargo, su futuro se ve amenazado por las extracciones petrolíferas que atentan contra la estabilidad de su ecosistema.

La riqueza natural de la Reserva de Producción Faunística Cuyabeno (RPFC), de 6.550 km², salta a la vista: árboles que sobrepasan los 30 metros cuyas ramas sostienen decenas de nidos colgantes que acostumbran a los plumíferos empollados a las alturas; parcelas inundadas de aguas claras donde nacen gigantes árboles que nunca dejan su verdor; áreas llenas de aguas oscuras donde solo los ojos almendrados del caimán hacen perder el mimetismo; y de pronto, algún representante de las cinco especies de primates que deambulan por el lugar hace notar su presencia con agudos chillidos.

Una selva que desborda vida y donde también, para pesar de la naturaleza y sus habitantes, ha desbordado material pétreo, que resta vitalidad a este ecosistema, que apenas permite distinguir los miles de especies mimetizadas entre su abundante vegetación.

La RPFC permanece poco conocida desde el punto de vista botánico. Sin embargo, en el 2008 se reportó un listado de 1.400 especies de plantas, el 8,72% del total de especies vasculares del Ecuador, donde resalta el árbol guarango, que crece en la Laguna Grande y sus alrededores, en el bosque inundado.

Tjitte de Vries, ecólogo y ornitólogo profesor de la Pontificia Universidad Católica de Quito, ha visto de cerca la evolución de estos gigantes que aparecen como islas en medio de las lagunas. Él describe que en 1990 registró, en un cuadrante de 10 por 10, cuatro pequeños arbolitos, cinco años después aumentaron a catorce, y en su último recorrido, octubre del 2009, contó 22 guarangos. Árboles que sirven de posada para las garzas, cormoranes y otras aves, que usan sus ramas para descansar entre pesca y pesca.

Lo que más le sorprende al ecólogo es que Laguna Grande se seca por completo entre los meses de enero y mayo. Los tres o cuatro metros de aguas blancas desaparecen, dejando ver las largas raíces de los guarangos, que por el cuarteado suelo se desprenden, incluso hasta desconectarse de la vida.

Son sistemas frágiles, repiten las investigaciones científicas. Pero eso no ha logrado detener las amenazas. Alidio Andi, técnico forestal, guardaparques y responsable encargado de la RPFC, explica que los asentamientos ilegales en la zona norte representan un atentado constante al ecosistema, pues son los moradores de estos sitios los que permiten la extracción petrolífera.

La reserva cuenta con 16 guardaparques, que se dividen entre recorridos turísticos y las tareas de control y mitigación de impacto ambiental. Sin embargo, según explica Andi, las acciones aún no logran limpiar los residuos del último gran derrame petrolero, ocurrido en agosto del 2006, cuando se vertieron 490 barriles de crudo de uno de los pozos que hasta ese entonces se encontraba dentro del área protegida. “En la época seca podemos ver que aún quedan residuos en el fondo de la laguna de Aucacocha. Esto afectó mucho a las especies acuáticas, a las aves y especialmente al manatí, porque incluso la hierba que come está contaminada”, refiere.

¿Pozos petroleros dentro de un área protegida? Sí, hasta el 2008, cuando se modificó la línea límite de la reserva, dejando afuera 20 pozos petroleros, que siguen afectando la zona de amortiguamiento.

Ahí, en medio de ese peligro constante, viven 81 clases de anfibios, de acuerdo con investigaciones citadas por el Ministerio del Ambiente, pero los hallazgos de especies no descritas son continuos, a medida que se exploran otras áreas y se realizan revisiones más detalladas de especímenes depositados en museos. Mientras, el último estudio sobre reptiles, realizado por los investigadores del museo de zoología de la PUCE, sección herpetología, reporta la presencia de 48 especies de reptiles, entre ellos el caimán, el depredador más grande de América del Sur, que puede llegar a medir 6 metros de largo.

Sobre las lagunas se dibujan miles de sombras, son las formas de las más de 500 especies de aves que se han encontrado dentro del área protegida, que representan el 32,21% de la diversidad de aves del Ecuador, considerando además que por sus sistemas lacustres de aguas blancas representa un refugio para las aves migratorias del continente americano.

Mientras, el caimán ha encontrado, dentro de la reserva protegida, su principal refugio en las formaciones de aguas negras más grande de la Amazonía ecuatoriana.

Dentro de la reserva se encuentran las cuencas de los ríos Sábalo, Pacuyacu, Yanayacu y Cuyabeno, que incluyen afluentes como el Tarapuy, Aguas Negras, Baltayacu y Quebrada Hormiga, que se originan en la baja Amazonía, a menos de 300 metros de altitud, y que recorren unos 150 kilómetros desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río Aguarico. El río Cuyabeno cruza la reserva de noreste a sureste y en su parte superior forma un sistema lacustre compuesto de catorce cuerpos de agua interconectados entre sí por canales y ríos y que pueden medir hasta 2 kilómetros de largo, el mayor sistema lacustre tropical del Ecuador. Otra laguna de importancia es la de Zancudococha, que es la más grande del Oriente ecuatoriano y se caracteriza por su forma redondeada.

Alrededor de este complejo ecosistema los mamíferos abundan, principalmente los pequeños. Hasta el momento se han registrado 165 especies dentro de la reserva, y en su área de amortiguamiento, 46. Dentro de la lista roja de mamíferos del Ecuador, elaborada en el 2001, 22 que viven dentro de la reserva están amenazados, y la nutria gigante y el manatí están en peligro crítico, según ese estudio.

Los murciélagos también constituyen una población importante dentro de la reserva y son el grupo más diverso del Ecuador con 70 especies, según datos del 2007. Estos pequeños voladores son importantes controladores de plagas, pues se alimentan de insectos. Además están los murciélagos fruteros, que hacen las veces de dispersores de semillas. Entre los murciélagos de la RPFC, los más abundantes son los del género fruteros y pescadores.

Pese a las amenazas de los cazadores, aún se pueden ver especies como el jaguar, tigrillo y puma, animales que para los grupos étnicos ahí asentados (Secoya, Shuar, Kichua y Cofán) adquieren valores ancestrales, pero que para los cazadores ilegales que suelen invadir los límites del área protegida representan una oportunidad de ganar dinero a costa de la naturaleza.

En este ecosistema también la diversidad de peces es abundante. Un estudio del 2008 reportó que en la RPFC existen 184 clases, estimando que la cifra se puede ampliar hasta 300. Pero solo la cantidad oficial representa el 39,14% de las especies de agua dulce y el 14,46% del total de las especies del Ecuador.

Toda la variedad responde a la mixtura de aguas negras y claras, zonas de cabeceras, divisorias de aguas, áreas inundables, una interesante dinámica hidrológica y de liberación de nutrientes que explicaría la abundancia y exuberancia en la zona norte del país.