Lunes 06 de septiembre del 2010 Economía

En alza la demanda de microcrédito en EE.UU.

NEW YORK TIMES | San José, EE.UU.

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SAN JOSÉ, EE.UU. Amanda Keppert, vendedora de hot-dogs, recibió un microcrédito.

Amanda Keppert está convencida de que habría perdido Mandy’s Korner, su puesto de perros calientes en San José, California, de no haber recibido un tipo de préstamo más común en el Tercer Mundo que en Estados Unidos.

El año pasado, a medida de que menos personas comían fuera y aumentaban los despidos en el Valle del Silicio, las ventas descendieron más del 60%. “Mi negocio se ahogaba y temía que se hundiera”, dijo.

Aunque consiguió empleo en el servicio de comidas en una sala de conciertos local, no era suficiente para cubrir sus gastos. Había invertido todos sus ahorros en el negocio.

Sin embargo, reiteradamente los bancos de San José rechazaban sus solicitudes de préstamo. Entonces, encontró a Opportunity Fund, una entidad crediticia local que otorga micropréstamos y se unió a Kiva.org, una de las más conocidas internacionalmente. Kiva, que ha prestado más de 150 millones de dólares en 53 países, acababa de iniciar un programa piloto de préstamos a dueños de negocios en EE.UU. Por medio de Kiva, Keppert obtuvo un crédito por 6.500 dólares que tiene que liquidar en 3 años con una tasa de interés del 6%.

Antes del colapso económico, microfinanza –la concesión de préstamos reducidos, en su mayor parte a pobres– era un concepto asociado más estrechamente al mundo en desarrollo. Sin embargo, los créditos limitados y la recesión incrementaron la demanda en EE.UU., con lo que ahora son más relevantes. Tanto Kiva como Grameen Bank, un organismo de microcréditos con sede en Bangladesh, iniciado por Muhammad Yunus, ganador del Premio Nobel de la Paz por su innovador trabajo en este campo, extendieron sus préstamos a los estadounidenses.

Además, con la ley de estímulo económico del año pasado, se autorizaron 54 millones de dólares para el Departamento Federal para el Desarrollo de la Pequeña Empresa para préstamos y asistencia tecnológica a microprestamistas.

Ciudades como San Francisco y Nueva York han expandido o establecido sus propios programas de microfinanciamiento. Este año, las solicitudes fueron de más del doble en muchos de los 362 establecimientos del país, algunos de los cuales han estado operando discretamente desde 1980.

“Todos tocan a nuestras puertas, incluso quienes tienen buen crédito”, señaló Galen Gondolfi, un asesor en préstamos sénior de Justine Petersen, una entidad de microfinanciamiento asentada en San Luis.

Desde la recesión, es más difícil obtener tarjetas de crédito, el valor inmobiliario sigue bajo –lo que dificulta conseguir préstamos contra el valor líquido de la vivienda– y los bancos han hecho más rígidos los estándares. “El sistema bancario tiene mucho dinero, pero no tienen el tipo de solicitantes en los que quieres arriesgar los ahorros de alguien”, explicó William Dunkelberg, economista en jefe de la National Federation of Independent Business y presidente de Liberty Bell Bank.

“Nuestro negocio no es el financiamiento de grandes ideas”, agregó.

La mayoría de los bancos, grandes o pequeños, no se molestan en otorgar préstamos de menos de 50.000 dólares porque no hay suficiente ganancia para equilibrar el riesgo. En contraste, los programas de microfinanciamiento típicamente prestan 35.000 dólares o menos a pequeñas empresas con cinco o menos empleados. Cobran más que los bancos tradicionales, claro, con una tasa de interés que va del 5% al 18%.

A principios de este año, Craig Adams, el dueño de Vino Vitae, una vinatería en San Luis, trató de obtener un préstamo por 50.000 dólares para abrir un restaurante y salón de actos adyacentes. Primero lo rechazó su banco de mucho tiempo, que dijo estaba demasiado endeudado, y luego un segundo banco. Un capitalista de riesgo local pedía tarifas que no estaba dispuesto a pagar.

Finalmente, lo refirieron a Justine Petersen, y en marzo recibió un préstamo por 15.000 dólares con una tasa de interés del 12%. Tiene 10 años para liquidarlo. Está usando el dinero en planes arquitectónicos e inventario. “No es la forma más grandiosa de hacer las cosas”, dijo Adams de 43 años, “pero es la única”.

La gran demanda de préstamos persuadió a Grameen Bank, que ha prestado 9.400 millones de dólares por medio de 2.500 sucursales en el mundo, a abrir cuatro en Nueva York y una en Omaha, Nebraska, en los dos últimos años, con el nombre Grameen EU.

A diferencia de otros microprestamistas, Grameen pide a sus prestatarios que se integren a un grupo de emprendedores que se reúne semanalmente. Asimismo, deben ahorrar un porcentaje del ingreso semanal –cuando menos dos dólares– y pagar una parte del capital y los intereses.

Dos visiones distintas

Requisitos: A diferencia de bancos tradicionales, que se centran en la historia crediticia del solicitante, los programas consideran la pasión y el compromiso al negocio.

Capacitación: La mayoría pide al receptor que asista a talleres sobre administración, mercadotecnia y planes de negocios, y tienen topes de ingresos.

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