Domingo 05 de septiembre del 2010 Tecnología

El capital intelectual de Chris Anderson se está muriendo

Por Francis Pisani

Web 3.0

Chris Anderson, jefe de redacción de la revista Wired y autor de The Long Tail (El fenómeno de la larga cola) y Free (acerca de la economía de la gratuidad), recién publicó un artículo anunciando la muerte de la web: ‘The Web is Dead’.

Debe su fama al abordaje de temas provocadores a partir de problemas reales, aún cuando, con el tiempo, su visión haya revelado ser menos seria de lo que parecía. Esta vez la falta de seriedad es obvia.

El corazón de su argumentación se centra en uno de los primeros párrafos del citado artículo: “Una de las evoluciones más notables de los últimos años en el mundo digital ha sido el desplazamiento de la web abierta hacia plataformas semi cerradas, que utilizan la internet para transportar, no el navegador para visualizar. El cambio fue impulsado fundamentalmente por la creciente importancia del modelo iPhone de computación móvil, un mundo que los consumidores eligen cada vez más, no porque rechacen la idea de la web, sino porque dichas plataformas a menudo funcionan o se ajustan mejor a sus necesidades (la pantalla viene a ellos, no ellos hacia la pantalla). El hecho de que dichas plataformas faciliten a las empresas ganar dinero apenas si cimienta tal tendencia”.

Dicho de otra manera: las aplicaciones que distribuye iTunes para iPhone o iPad, o las de Android y ahora Blackberry o Nokia están sustituyendo a los navegadores. Son más cómodas para los usuarios y permiten un modelo económico más eficiente para las empresas.

Una de las grandes virtudes de su texto es que nos invita a tomar conciencia de las diferencias fundamentales entre la internet y la web. “A fin de cuentas la web es apenas una de las muchas aplicaciones que existen en la internet, que usa los protocolos IP y TCP para mover paquetes [de datos].

En esta arquitectura y no en las aplicaciones específicamente construidas sobre ella radica la revolución. “Anderson entiende perfectamente lo que está en juego: el control del ciberespacio, y nos acusa de contribuir por comodidad a entregarlo en manos de las empresas interesadas: “La tarifa de iTunes es un pequeño precio que hay que pagar simple y sencillamente para adquirir lo que se desea. A medida que Facebook se vuelva parte de su vida, más atrapado quedar en sus redes.”

Para darle más impacto a su afirmación Anderson invita a debatir a Tim O'Reilly y John Battelle, organizadores del Web 2.0 Summit que se reúne cada año en San Francisco.

Partiendo de la obviedad de que Facebook y iTunes constituyen serios retos para la web, O'Reilly reafirma que lo esencial sigue siendo la abundancia de datos: “iPhone y Android se imponen sobre los demás teléfonos porque tienen más aplicaciones.

Resulta verdaderamente esencial ver el “app store” (del iPhone o del Android) como ejemplo de la proliferación de tipos de conjuntos masivos de datos accesibles por la red. Es fácil concentrarse en las aplicaciones utilizadas en el teléfono y olvidar cuántas aplicaciones clave son las mismas en red, que vemos en la web apenas con un interfase (front end) diferente”.

Las afirmaciones de Anderson levantaron violentas polémicas: Mathew Ingram lo acusa en GigaOm.com de confundir la evolución del navegador con la muerte de la web. “La web goza de mejor salud que nunca. Si tuviéramos que escoger un solo ejemplo, el del asombroso crecimiento de Facebook donde la mayoría de la gente interactúa a través de su navegador deberá confirmar esta noción.”

En The Atlantic, Alexis Madrigal, lo tacha de no entender nada de la historia de las tecnologías. Nadie duda que llegan y se alejan cada vez más rápido, pero resulta improcedente pensar que la última anula a la anterior. Si los pilotos de aviones se valieron de palomas para transmitir mensajes, nosotros podemos usar durante un tiempo la web en nuestras laptops y las aplicaciones en nuestros móviles.

Más lapidario aún, Nicolas Car recuerda que Wired escribió en el 2005 “Somos la web”, y después de la reciente portada con “La web ha muerto” llega a la inapelable conclusión de que Wired ha muerto.

Lo grave es que Anderson trate de hacernos creer en una nueva realidad con tal de justificar su creencia en el iPad como solución milagrosa a los problemas de los medios de comunicación y su decisión de vender Wired como aplicación.

Para lograrlo no vacila en presentar los datos de manera poco rigurosa. Una gráfica en el mismo artículo pretende mostrar un descenso en el tráfico de la web cuando como lo muestra BoingBoing.com, con base en el mismo conjunto de datos va en ascenso. Es más, para ilustrar su argumento Anderson muestra en dicha gráfica que la video ocupa un espacio creciente (en detrimento de la web), pero incluye a YouTube, que la inmensa mayoría solemos consultar por la web.

Subrepticiamente Anderson toma posiciones en una batalla social importante: opone a quienes quieren mantener a la web como sistema abierto y descentralizado, con aquellos que pretenden adueñarse de ella y/o controlarla.

Jonathan Zittrain explica con gran claridad en su libro The future of the Internet and how to stop it que el creciente interés por los espacios cerrados (tipo iTunes) y los avances de la voluntad de centralización (tipo Facebook) ponen en riesgo la capacidad “generativa” de la web, el hecho de que quienes la concibieron deseaban que nadie controlara lo que ocurre en ella a fin de preservar la posibilidad de innovación en cualquier punto.

Para O'Reilly “el gran reto no es preservar la web totalmente 'abierta', pero conservarla lo suficientemente abierta para que genere nuevas oportunidades. Es demasiado temprano para declarar muerta a la web por la simple razón de que a algunas grandes compañías las enardezca el ecosistema de las aplicaciones”.

Links
Wired: The Web is Dead
www.wired.com

Nicolas Carr
www.roughtype.com

The Atlantic: What's Wrong With 'X Is Dead'
www.theatlantic.com

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