Comunidades quieren ser parte de proyectos en Yasuní
Alexandra Ávila
YASUNÍ, ORELLANA.- Llegar al Coca por avión acorta en algo el camino a la reserva que se quiere proteger: Yasuní. En unos 45 minutos se arriba al único aeropuerto de Francisco de Orellana. En 10 minutos rumbo al puerto fluvial se toma una lancha a motor llamada por el Ejército como 'Escorpión' rumbo a Pompeya. Navegando por lo ancho del río Napo se observan los grandes cedros, ceibos, árboles que tienen entre 30 y 50 y hasta 100 años.
El verdor de las orillas del río contrasta con las escasas chozas de color café de los habitantes de la ribera. La lancha se detiene y un movimiento brusco asusta a los pasajeros, quienes piensan que en cualquier momento puede virarse.
A veces las raíces de los árboles, las hojas se enredan en el motor. No ha llovido por cinco días y eso complica el caudal normal, la lancha está casi a ras del suelo lleno de tierra.
Unas maniobras de uno de los militares hacen que 'Escorpión' continúe el cauce. Luego de hora y media de viaje se llega al puerto de Pompeya Sur, la entrada al paraíso del Yasuní.
Todos los pasajeros que previamente han solicitado autorización a la petrolera Repsol-YPF (que maneja el Bloque 31) pueden ingresar. No se permiten bebidas alcohólicas, armas. Cada uno pasa por un detector de metales y revisan sus maletas. De bienvenida un chocolate Ecocao que se produce con cacao introducido a la zona. El proyecto lo ejecutan las comunidades y es financiado por la petrolera.
Al salir de allí, dos horas más de camino lastrado esperan para llegar a la estación Científica de la Pontificia Universidad Católica (PUCE) que desde 1994 administra 50 hectáreas del Parque Nacional Yasuní. Por la carretera un par de habitantes kichwas miran con recelo a las camionetas que transitan cerca a sus casas.
Tras dos horas por la carretera, las mariposas asombran por sus colores en la entrada de la estación de la PUCE.
Llega el atardecer y unos rayos anaranjados pintan los altos árboles. Internándose por unos senderos -en una caminata de un par de horas- el olor y las sensaciones cambian.
La tierra es húmeda, a pesar de que no ha llovido. Los árboles milenarios y los pájaros multicolores son parte del encanto de este paraíso verde.
Los huaoranis son los principales conocedores. Saben, por ejemplo, que se llama la Chacra del Diablo a un árbol, cuyas pequeñas ramas alojan por dentro a miles de hormigas. Cuando se las abre estas caminan despistadas por la luz. Al comerlas tienen un sabor a limón. Los biólogos la llaman Duroia hirsuta.




