Miércoles 11 de agosto del 2010 The New York Times

A la espera de aceptación total de matrimonios entre personas del mismo sexo

THE NEW YORK TIMES | CIUDAD DEL CABO

http://src.eluniverso.com/data/recursos/imagenes/bodashomo11ag_228_168.jpg

Paul Botha besa a su pareja Albert Morton antes de su boda en noviembre del 2009 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

Era otra boda perfecta a las faldas de Table Mountain, recordó el reverendo Daniel Brits. Dentro de la capilla, una vocalista cantaba “Wind Beneath My Wings” antes de que él guiara a la nerviosa pareja en la pronunciación de sus votos rodeada por familiares y amigos hace unas semanas.

Que los prometidos fueran dos hombres hizo vacilar a pocos invitados. Para Brits, todo fue parte de un día normal de trabajo. Después de todo, afirma, ha casado a más de 500 parejas homosexuales en los cuatro años que han pasado desde que Sudáfrica se convirtió en el primer país del Hemisferio Sur en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, distinción que llegó a su fin apenas este mes cuando Argentina hizo lo mismo.

Más de 3,000 parejas del mismo sexo se han casado en Sudáfrica, y casi la mitad de éstas incluyen a por lo menos un extranjero, afirma el gobierno. La ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo ha comenzado a allanar el camino para una mayor tolerancia hacia la homosexualidad, afirman activistas, y las bodas han resultado una oportunidad para las empresas que dan servicio a los que dan el paso.

“El apartheid suprimió la tolerancia, pero una vez que eso desapareció, nuestra sociedad ha avanzado muy rápidamente y la mayoría de la gente simplemente sigue la corriente”, señaló Brits, ministro sin denominación.

Las bodas frecuentemente se llevan a cabo en Table Mountain, la enorme meseta característica desde donde se domina la ciudad, y en hoteles como el 12 Apostles, un centro recreativo ubicado en un farallón donde Arianne McClellan y su novia, ambas oficiales de la policía de Londres, se dieron el “sí” el otoño pasado. La pareja escogió a Ciudad del Cabo por su impactante belleza natural y su cultura de aceptación a la homosexualidad.

Las protecciones legales en Sudáfrica contrastan fuertemente con el sentimiento anti-homosexual recientemente exhibido en otras partes de África, ya sea en el juicio de una pareja homosexual en Malawi o en la propuesta legislativa en Uganda para que la homosexualidad sea un crimen capital en algunos casos.

Pero aun cuando los defensores de los derechos humanos elogian la apertura legal del país y el súbito impulso económico que ha acompañado al turismo nupcial homosexual, les preocupa que la ley, al igual que gran parte de la nueva promesa y prosperidad de Sudáfrica, haya pasado por alto a muchos ciudadanos del país, particularmente entre la mayoría negra.

Anthony Manion, director de Memoria en Acción Gay y Lésbica, dijo que la ley no ha beneficiado mucho a los negros que viven en los distritos empobrecidos que se extienden por kilómetros afuera de ciudades como Ciudad del Cabo y Johannesburgo. En ellos, los homosexuales y las lesbianas a menudo se enfrentan a la discriminación y violencia descarada; sus defensores afirman que un creciente número de lesbianas ha sido víctima de las llamadas violaciones correctivas encaminadas a librarlas de su orientación sexual.

“La vasta mayoría de los homosexuales en Sudáfrica sigue imposibilitada para casarse con la pareja de su elección debido a la profunda desigualdad económica, el aislamiento social y la exclusión cultural”, dijo Manion.

Él y otros se quejan de que el énfasis en los pasteles de boda y los arreglos florales distrae la atención de desafíos mucho más graves.

Melanie Judge, autora de “To Have & To Hold: the Making of Same-Sex Marriage in South Africa”, fue mucho más directa, acusando a los sudafricanos blancos de clase media de ignorar a sus hermanos negros en su apresuramiento por llegar al altar.

“El matrimonio es una mercadería que ha sido etiquetada y empacada ``, dijo. ``La ley no ha llegado a las raíces del prejuicio si el matrimonio gay ignora nuestro trauma colectivo a favor de la ropa, el maquillaje ...(Continued on next page)

y las lunas de miel”.

Otros afirman que el cambio en los distritos socialmente conservadores requerirá tiempo, y señalan un cambio de actitud entre los afrikáners – la mayoría blanca que alguna vez impuso en la nación el apartheid racial – y dentro de la población de raza mixta conocida como de color. Por ejemplo, Brits dice sentirse perplejo por el hecho de que 80 por ciento de los sudafricanos que ha casado han sido afrikáners, quienes provienen de una comunidad que desde hace tiempo ha condenado la homosexualidad.

Tal vez los más sorprendidos sean las parejas del mismo sexo que esperaban mucha más resistencia entre sus familiares. Cuando Jens Von Wichtingen, un alemán, y su esposo afrikáner, Daniel, que adoptó su apellido, se casaron en febrero después de 17 años de vivir juntos, los asombró la disposición con la que los padres profundamente religiosos de Daniel aceptaron su unión.

“Los afrikáners no hablan de sexo y definitivamente no hablan de homosexuales”, dijo Jens. Sin embargo, en la boda “estaban muy orgullosos”.

Agregó que los padres de Daniel tal vez no se sientan cómodos con la noción de los “derechos de los homosexuales”, pero aceptaron su matrimonio y su decisión de adoptar a un niño negro.

Pero la Sudáfrica blanca todavía está muy lejos de aceptar plenamente el matrimonio homosexual. Aunque algunos negocios se han apropiado felizmente de parte del mercado gay, otros – fotógrafos, clérigos y dueños de servicios de banquetes – han rechazado a las parejas del mismo sexo citando “principios cristianos”, afirman algunos miembros de la industria.

James Cussen, co-fundador de un directorio en Internet para bodas entre personas del mismo sexo, dice que aún cuando su lista ha crecido hasta incluir más de 60 proveedores de servicios, otros siguen mostrándose esquivos cuando se les pide incluir a sus empresas. “Dicen: No, no somos homosexuales; ¿por qué habríamos de hacerlo?<”, dijo. “Otros me cuelgan el teléfono”.

Seon Kilian, una planificadora de eventos basada en Ciudad del Cabo que ha coordinado varios matrimonios entre personas del mismo sexo, dice que luego de la larga lucha del país contra el racismo es doloroso ver a otro grupo de sudafricanos enfrentar la intolerancia. Afirma que intenta proteger a sus clientes de momentos desagradables examinando a los meseros, diseñadores de flores y videocamarógrafos que contrata.

“Lo último que uno quiere es que dos novios se besen en la pista de baile y que un mesero tire la charola en señal de disgusto”, dijo Kilian.

La ley ha permitido que algunos sudafricanos homosexuales se extiendan en cuestiones que nunca hubieran pensado posibles, como listas de invitados, votos de matrimonio y su vida como marido y mujer.

“Simplemente queremos que sea un reflejo veraz de nuestras intenciones y de lo que sentimos el uno por el otro”, dijo Paul Botha mientras afina los últimos detalles un día antes de casarse con su pareja, Albert Marton.

Y para muchas parejas homosexuales y lesbianas extranjeras, Sudáfrica ofrece una tolerancia legal a menudo negada en sus propios países. En 2007, Damon Bolden se casó con su pareja en Constitution Hill, el sitio de una prisión de la era del apartheid que actualmente alberga al Tribunal Constitucional de Sudáfrica y a varios grupos defensores de los derechos humanos. La pareja estadounidense, que vivió en Johannesburgo durante cinco años antes de volver a Nueva York en 2008, se casó con una ceremonia que mezcló tradiciones estadounidenses y africanas, incluyendo el salto de la escoba, un ritual de boda utilizado por los esclavos de Estados Unidos, quienes tenían prohibido casarse.

“Fue un honor casarse en una democracia tan joven y progresista”, dijo Bolden desde Nueva York. “Si puede pasar ahí, puede pasar aquí”.

000085S
The New York Times

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.