- AGO. 10, 2010 - Foto - País - EL UNIVERSO
En el sector El Carmelo, en la provincia de Carchi, militares ecuatorianos controlan la zona fronteriza con Colombia, donde también hay vigilancia en algunos poblados, por lo que los grupos armados irregulares se han alejado de la zona
EL CARMELO, Carchi. Además de la vigilancia en la línea de frontera, los militares del batallón Yaguachi, de este sector, hacen operativos anticontrabando.
CHILES, Colombia. El puesto policial de este poblado está rodeado de trincheras. Hasta hace tres años era blanco de ataques de los grupos armados irregulares. Hoy no se registran esos hechos.
Los hostigamientos (ataques armados) de grupos al margen de la ley, que hasta hace tres años se cometían contra la fuerza pública asentada en poblados fronterizos de Colombia, como Chiles y La Victoria, y que afectaban a las poblaciones ecuatorianas de Tufiño y El Carmelo, ubicadas en pleno límite internacional, se han acabado. Eso lo afirman los pobladores, lo ratifican las autoridades, policías y militares de los dos países.
La infraestructura vial y la presencia de la fuerza pública, que actualmente tiene puestos a ambos lados de la frontera, se señalan como las razones.
“Las vías asfaltadas permiten que haya un mejor comercio entre las poblaciones fronterizas y hace que los grupos irregulares huyan a la montaña”, comenta un poblador de El Carmelo, al este de Tulcán, que pide se reserve su nombre porque, “sea como sea, la mafia sigue estando del otro lado, pero sabemos que está de retirada”. El hombre comenta que los enfrentamientos en el sector de La Victoria (poblado de Colombia fronterizo con El Carmelo) no se escuchan desde hace años, no especifica cuántos.
“Acá ya no se escucha nada. Ni en las fiestas (de El Carmelo, hace dos semanas) hubo muertos. En otras ocasiones había una o dos víctimas porque venía gente mala del otro lado y se armaban riñas”, añade.
Criterio similar tiene Hernando Noguera, miembro de la Junta Parroquial de El Carmelo. Él asegura que hace rato no se escucha nada de grupos irregulares en el sector. “Con la vía asfaltada y la presencia del Ejército y la Policía todo es tranquilidad en el pueblo. Se escucha que ahora están frente a La Bonita, pero de ahí a que se haya escuchado que hay problemas, no”, comenta la autoridad parroquial.
Ahora hay transporte público y privado a toda hora. Apenas se tiene que viajar 40 o 50 minutos en auto desde Tulcán, para llegar al poblado fronterizo. Hasta hace un año se tardaba hasta tres horas.
A decir de los militares, hoy tienen más trabajo porque realizan control de armas, drogas y contrabando, pues son más los automotores que circulan por la vía asfaltada entre Tulcán, Julio Andrade y El Carmelo.
Pero la carretera asfaltada que llega al pueblo no se conecta con el paso fronterizo no reconocido que une a El Carmelo con San Antonio, población colombiana que está junto al poblado ecuatoriano y antes del corregimiento La Victoria, que controlaba la guerrilla.
En este paso fronterizo, que tiene un puente de madera por el que circulan peatones, motos y vehículos 4x4, hay control militar las 24 horas por parte de uniformados ecuatorianos. Ellos forman parte del Batallón Yaguachi, que tienen su destacamento en la entrada a la parroquia El Carmelo y vigilan hasta el límite con Sucumbíos.
Policía permanente
Mientras, al oeste de Tulcán, la población colombiana de Chiles, fronteriza con Tufiño, en Ecuador, está tranquila. Los hostigamientos, enfrentamientos, muertes, exilios, de uniformados y pobladores, se acabaron desde que la Policía colombiana construyó un búnker en esta población fronteriza, que alberga a más de tres mil habitantes y que mantiene una buena relación con Tufiño.
Hasta hace tres años los hostigamientos eran cada mes o cada 45 días, porque la policía no tenía un cuartel, estaba hospedada en el colegio de la comunidad y las vías de acceso eran de tercer orden. Ahora la Policía tiene un búnker y la carretera ha sido asfaltada.
Muchos de los pobladores que habían huido por las amenazas de la guerrilla han retornado a sus hogares y ahora tienen una vida normal. El jefe del cuartel policial, John Marcelo Moreno, en un breve diálogo comenta que las cosas están tranquilas y desde que él está, más de un año, no ha tenido problemas de hostigamientos.
El jefe policial colombiano, aunque se lo ve muy tranquilo en su cargo, es muy reacio a continuar dialogando con un equipo de este Diario. Muy seguro afirma, al pedido de hacer unas fotos del búnker: “Si me está haciendo inteligencia, hágala, porque estamos preparados para el enfrentamiento”.
Los pobladores de este sector, al igual que las autoridades del resguardo indígena, expresan su satisfacción por tener la presencia policial y patrullajes del Ejército en el sector, porque han devuelto la tranquilidad. Hasta hace tres años las noches eran un infierno, porque muchas veces tenían que salir huyendo de sus casas por el fuego cruzado entre irregulares y fuerza pública. Los habitantes de Chiles se veían obligados a cruzar la frontera hacia Tufiño, en Ecuador.
La seguridad en la zona se ve reflejada en el sector ganadero y agricultor. Las fincas y haciendas asentadas a lo largo de la vía Tulcán-Tufiño ahora tienen sembríos y cantidades de ganado, a diferencia de años atrás cuando los campos eran secos y nadie quería hacer producir la tierra, comentó Luis Chiles, miembro de la comuna La Esperanza, que tiene tierras en esta carretera.
