- AGO. 09, 2010 - Foto - Comunidad - EL UNIVERSO
Dos pintores realizan su actividad en un segundo piso alto, subidos en un improvisado andamio.
Garantizar la vida de quienes trabajan a más de tres metros de altura y evitar caídas que ocasionen lesiones graves o incluso la muerte, son el principal objetivo que un grupo de pintores persigue con la creación de una asociación.
El grupo de ocho obreros, encabezados por Marlon García y Juan Josa, recibe la asesoría del Comité de Escalada Deportiva del Guayas, para unificar la actividad con los principios básicos del andinismo.
Este oficio, considerado de riesgo, permite ver en toda la ciudad a pintores subidos en andamios construidos de caña guadúa que miden entre 6 y 12 metros y amarradas con cabuyas.
Quienes se suben a esas estructuras se exponen a perder el equilibrio o resbalar y caer al pavimento. Corren además el riesgo de quedar inválidos o incluso morir.
Así lo confirman Cristian Núñez y Santos Toaza, ambos de 24 años, quienes pintan un edificio ubicado en Clemente Ballén y Boyacá.
Pese a que no han tenido accidentes durante los cinco años que llevan trabajando en alturas, conocen de personas que murieron por la falta de precaución o porque no contaban con equipos de seguridad.
Uno de ellos, comenta Núñez, es el caso de un compañero que cayó desde un andamio en el centro de Guayaquil, hace dos semanas. Perdió la vida.
García cuenta que años atrás resbaló de un andamio mientras trabajaba en el balneario de Salinas, pero que no sufrió lesiones de consideración.
Estos pintores son parte de aquellos que utilizan un sistema de seguridad especial para trabajar. En lugar de cañas manejan cabos para el ascenso y descenso de una silla construida con plywood MDF que, con la ayuda de cabos de acero, forman una especie de canasta.
Sentados en esa estructura, los obreros inician el descenso utilizando cabos de entre 3/8 y 7/8 de espesor, que se utilizan para alturas de 30 metros.
Los cabos son atados en alguna parte de la estructura, como una columna o un pilar, lo que les garantiza firmeza. Se usan entre siete y doce tipos de nudos, pero el más común es el marinero.
El mosquetón y un ocho (tiene la forma de ese número) de titanio y magnesio funcionan como poleas. Pueden contar con más de estos implementos de escalada, en caso que ocurra alguna eventualidad que los obligue a cambiar de cabo.
La clave de la seguridad está en un tercer cabo, denominado línea de vida, que va sujetado (a la altura de la cintura) en un arnés y que les garantiza que seguirán colgando en caso de que los otros dos se rompan.
Queremos capacitarnos y hacer cursos de escalada y rescate para saber cómo ayudar al compañero que se le rompe el cabo o que pierde el equilibrio por la fuerza del viento, manifiesta García.
En esta asesoría participa Geovanny Unamuno Vera, presidente del Comité, quien señala que durante las últimas semanas se ha brindado a los pintores “constante capacitación en el uso seguro y eficaz del equipo, desde montar una estación de descuelgue hasta el autorrescate”.
Mientras, el coordinador de los cursos para bomberos voluntarios, Carlos Julio Lamota, califica a este sistema de trabajo como el ideal para desarrollar labores en las alturas.
Lo importante es que quienes lo vayan a realizar no sufran de vértigo (miedo a las alturas), que quieran ejecutar esa obra y que conozcan las medidas de seguridad, expresa.
Lamota añade que “la confianza es la causante de la mayoría de los accidentes, ya que los equipos son 100% seguros, la empírica o confiada manipulación humana los pueden hacer fallar”, advierte.
“Hay muchos inexpertos que se suben a pintar pensando que es fácil, pero aquí nos estamos jugando la vida”, reconoce Núñez, mientras se coloca el arnés para continuar pintando con su compañero desde el piso 13.
El vicepresidente de la División de Construcciones del Colegio de Ingenieros Civiles del Guayas, Javier Chávez Sotomayor, recuerda que “hay ese riesgo. Por eso más barato es comprar el equipo de seguridad, pero la gente lo utiliza en muy pocas obras”, lamenta.
Él asegura que muchas veces los pintores no exigen seguridad a quienes los contratan, como determina el artículo 415 del Reglamento de seguridad y salud de los trabajadores y mejoramiento del medio ambiente, que dispone “un pasamano de 90 centímetros o más de altura” para los andamios de más de tres metros.
El Código del Trabajo y el mencionado Reglamento son las normas que amparan a los pintores de altura. No existe una ordenanza municipal que regule esta labor y el Ministerio de Relaciones Laborales es el que tramita las denuncias por lesiones en el trabajo que desarrollan.
Aunque la Unidad de Seguridad y Salud Ocupacional del Ministerio no ha conocido casos de pintores heridos o fallecidos, sus cuatro miembros despachan unos 15 expedientes por mes, tras el informe de los inspectores por otros casos.
