Domingo 01 de agosto del 2010 Seguridad

Ayer se permitieron las primeras visitas al CRS-2

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Familiares de los reclusos del nuevo CRS-2 de Guayaquil ingresaron ayer por primera vez para visitar a sus familiares.

Judy Castro Caballero esperaba desde las 09:30 de ayer en las afueras del nuevo Centro de Rehabilitación Social de Guayaquil (CRS-2) para visitar a su hermano Eddy Castro, (a) Bemba, quien fue sentenciado a 20 años de reclusión por el caso del asalto a la agencia de Emelgur, en el que murió la niña Natalia Fabara, en mayo del 2006.

“No veo a mi hermano hace dos semanas y sé que está enfermo, no sé en qué condiciones lo tengan”, expresó.

Manifestó que el pasado 19 de julio, día en que lo trasladaron a su pariente, se lo ha tenido aislado, por lo que acudió la Defensoría del Pueblo y al Comité de los Derechos Humanos para denunciar esta situación.

Ella se agrupó con familiares de otros de los internos recientemente trasladados al CRS-2.

Castro indicó que en respuesta a estos pedidos el Ministerio de Justicia permitió desde ayer las visitas a los 33 presos que permanecen en el centro.

Asimismo, familiares de William y Walter Poveda Salazar, sentenciados a 25 años por el crimen de dos ex directores de la Penitenciería, también acudieron a las visitas.

A las 10:00, un funcionario del Ministerio de Justicia salió con una lista en la que constaba el turno con la hora de visitas para cada uno de los sentenciados.

El directivo señaló que los familiares deberán anotarse con sus datos personales para poder llamarlos e indicarles la cita para las visitas.

También explicó que media hora durará el encuentro y otros 30 minutos para revisar a las dos personas que ingresan, las cuales no podrán llevar comida, productos de limpieza, ni otros implementos.

Las visitas se darán una vez por semana y las conyugales, una al mes, dependiendo del comportamiento del reo, señaló la fuente de la cárcel.

Luego de una hora salió Castro y manifestó que a su hermano lo habían golpeado y que pasaba todo el tiempo durmiendo porque lo sedaban.

“En la anterior cárcel por lo menos tenían talleres de mecánica, carpintería y se podían rehabilitar”, reclamó Castro.

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