La denuncia de Colombia de que grupos que siembran el terror en ese país se esconderían en territorio venezolano son del máximo interés para Ecuador. Esas mismas organizaciones –que hace tiempo abandonaron sus posturas ideológicas para transformarse en bandas de ilegales– promueven también en nuestro territorio la delincuencia organizada, a un costo para el Estado de miles de millones de dólares. La Cancillería, sin embargo, parece más interesada en minimizarlas que en solicitar que se las compruebe o desvirtúe. El Ministro de Relaciones Exteriores incluso las puso en duda, abandonando la postura neutral y olvidando las decenas de veces que se demostró la presencia de irregulares extranjeros en Ecuador.
Por el contrario, el país debería hacer todos los esfuerzos para que las relaciones entre Colombia y Venezuela no se deterioren (como debimos hacer, en su momento, para que no se afecten las nuestras con Colombia) pero también hay que pedirle a Caracas, de manera cordial y fraterna, que aplique mecanismos (como los que finalmente parece haber puesto en marcha Ecuador) para evitar que la penetración del terrorismo continúe.