Se está vendiendo el cuento de que los medios de comunicación ecuatorianos son una suerte de galeras, en las que unos pobrecitos periodistas encadenados a sus computadoras o cámaras publican lo que les dicta un feroz propietario, quien blande un látigo con el que azota a los que se apartan de sus órdenes. Llevo treinta años trabajando en medios, por lo que puedo hacer un esbozo de mis experiencias en unos veinte de ellos.
Por doce años trabajé en canales de televisión y durante dieciocho he escrito en revistas y periódicos. En ese lapso jamás se me ha vetado o censurado un solo trabajo. ¿Es que debo haber coincidido con la “línea editorial” del medio? Que yo me acuerde en ninguna parte se me informó sobre tal línea. He tenido fuertes discrepancias con directivos y propietarios, pero eso no quiere decir que me impusieran sus puntos de vista. En cierta ocasión el mismísimo dueño de un canal de televisión me dijo que por qué mis reportajes siempre estaban “llenos de indios y animales”, fue una crítica posterior a ciertas notas sobre ecología y movimiento indígena que salieron al aire tal cual las hice. La molestia del empresario no me hizo mover un centímetro de mi propia línea y no me despidieron. Hay que tener personalidad, entereza y, sobre todo, argumentos para hacerse respetar… como en todos los campos de la actividad humana.
En otra ocasión, un canciller de la república conservador acudió a protestar por un comentario sobre política exterior que hice en una cadena televisora que simpatizaba con el régimen. Se le hizo una breve entrevista para que explique su punto, al final de la cual se dijo: “Sin embargo, nada de lo expresado por el señor ministro contradice lo dicho en este canal”, como en efecto así era. ¿Sanciones? ¿Reprimendas? Hasta ahora las estoy esperando. Cuando editaba la revista de cierto gremio sí me dijeron que no publique “todavía” un artículo sobre un tema delicado… Lo entendí, porque una revista corporativa es, ante todo, la expresión del pensamiento de una organización y por tanto tienen una problemática distinta… Lamentaron su decisión, porque enseguida fue demasiado tarde.
No quiero decir que la prensa ecuatoriana haya sido el reino de la irrestricta libertad de opinión. Tuve una mala experiencia pero no como periodista. Con motivo del lanzamiento de uno de mis libros me hicieron una entrevista. A los pocos días la reportera me mandó una carta disculpándose por no publicarla, debido a que mi apellido causaba “resquemores” a los dueños del grupo. Sí, ocurrían cosas así y peores, pero eso no borra mi impresión de que los medios ecuatorianos, en su mayoría, son ambientes con alto profesionalismo, donde se respeta la opinión de los colaboradores, porque su libre desenvolvimiento es uno de los más valiosos activos con los que cuentan. Como dije, el tema de la actitud del periodista es clave, por eso no me extraña que los comunicadores que ahora se desgañitan desprestigiando a los medios privados, cuando trabajaban en ellos eran, justamente, los más serviles y obsecuentes… ¡Si no les hubiera conocido!