- JUL. 17, 2010 - Foto - The New York Times - EL UNIVERSO
El coronel Jason Brown demuestra el trabajo en el área de operaciones de la Base Aérea Beale en Linda, California. Los militares en salones de chat alertan a sus soldados sobre ataques.
Grupos de analistas observan videos y se comunican con sus pilotos militares para enfrentar la guerra estaounidense en Afganistán.
En su adolescencia, Jamie Christopher escribía mensajes instantáneos para hacer planes con amigos, y posteriormente se volvió usuaria regular de Facebook.
Ahora la joven pecosa de 25 años y agente de espionaje aquí está usando sus habilidades en las redes sociales para cazar insurgentes y salvar vidas estadounidenses en Afganistán.
Encorvados sobre monitores que mostraban videos en vivo captados por un avión teledirigido, la teniente Christopher y un equipo de analistas entraban y salían recientemente de varias salas de charla militares, surcando más de 11.200 kilómetros para advertir a los infantes de marina sobre bombas al lado de los caminos y dar seguimiento a los disparos del Talibán.
''2 pos niños en cdv”, comunicó el equipo mientras los infantes de marina en el terreno preparaban un ataque aéreo, la jerga en el chat para posibles inocentes dentro del campo de visión del avión teledirigido. El ataque fue abortado.
“disparos provenientes de rcnt”, advirtió otro mensaje, refiriéndose a un recinto del Talibán. Los infantes de marina respondieron ametrallando a los combatientes, y mataron a nueve de ellos.
Christopher y su equipo quizá estén combatiendo en teclados distantes en vez de eludiendo balas, pero encabezan la batalla de igual manera cada día.
Ellos y miles de otros analistas jóvenes de la Fuerza Aérea están mostrando cómo las habilidades de la generación del Facebook están siendo aprovechadas – y rindiendo frutos – en las guerras de Estados Unidos.
Los infantes de marina dicen que los analistas, que en su mayoría tienen poco más de 20 años, les allanaron el camino para tomar Marjah en el sur de Afganistán este año con un número mínimo de víctimas. Y a medida que los analistas pasan rápidamente los últimos datos de los aviones teledirigidos y otras naves espías, están creando las fluidas conexiones necesarias para dar caza a pequeños grupos de combatientes y otros blancos efímeros, dicen funcionarios militares.
Pero puede haber dificultades en la operación desde tan lejos.
A fines de mayo, las autoridades militares en Afganistán dieron a conocer un informe que reprendía a la tripulación de un avión teledirigido Predator en un incidente que involucró un ataque con helicóptero en que murieron 23 civiles en febrero. Funcionarios militares dicen que analistas en Florida que estaban monitoreando el video transmitido por el avión teledirigido advirtieron dos o tres veces en una sala de chat de que había niños en el grupo, pero el piloto del avión teledirigido no transmitió esas advertencias al comandante en tierra.
En su mayor parte, sin embargo, la red ha sido tan productiva que destacados comandantes están eludiendo parte de la jerarquía militar tradicional y dando libertad a los analistas para decidir cómo usar algunos aviones espías.
“Si se quiere actuar rápidamente, se tienen que allanar las cosas e involucrar a aquellos en los niveles más bajos posible”, dijo el teniente coronel Jason M. Brown, que dirige el escuadrón de espionaje de la Fuerza Aérea en esta base cerca de Sacramento.
Las conexiones han sido hechas posibles por una flota creciente de aviones teledirigidos, como los Predators y los Reapers, que envían un flujo constante de videos del campo de batalla a centros de espionaje en todo el planeta.
Guerra desde la red
La Agencia Central de Inteligencia (CIA) y las fuerzas militares usan aviones teledirigidos para librar una guerra a larga distancia contra los insurgentes, con pilotos en Estados Unidos que presionan los botones de disparo de misiles. Pero como los comandantes en Afganistán reúnen a los aviones teledirigidos y los aviones espía U-2 sobre las áreas más candentes, la tecnología de redes está ampliando un frente doméstico que es cada vez más relevante para la guerra cotidiana.
Y la mecánica es sencilla en esta era de transmisiones satelitales. Además de ver las transmisiones de video, los analistas revisan imágenes fijas y conversaciones de enemigos. A medida que introducen la información de salas de chat, los analistas llevan a cabo un diálogo sobre la marcha con las tripulaciones y comandantes de los aviones teledirigidos y con especialistas de espionaje en el campo, que reciben la información en computadoras y luego transmiten por radio los datos más urgentes a las tropas en patrullaje.
Oficiales de espionaje de la Infantería de Marina dicen que durante la ofensiva de Marjah en febrero, los analistas se las ingeniaron para permanecer un paso delante de la avanzada, emitiendo alertas sobre unas 300 bombas al lado del camino.
“Antes no se oía mucho de ser informado así en el combate táctico desde 12.000 ó 13.000 kilómetros de distancia”, dijo el sargento de artillería Sean N. Smothers, un infante de marina que estaba destacado aquí como enlace con los analistas.
Smothers vio cuán fácilmente podía borrarse la distancia cuando un analista, al ver las imágenes de un U-2, repentinamente levantó la mano y gritó “¡Control!”, la señal para que un supervisor verificara un avistamiento.
Smothers dijo que él y dos oficiales de la Fuerza Aérea se apresuraron a acercarse y confirmaron la existencia de una bomba al lado del camino. Cerca en un gran mapa en una pantalla en la sala sin ventanas, pudieron ver a un convoy de la Infantería de Marina acercándose al sitio. El grupo empezó a emitir frenéticos mensajes de chat a sus contactos de la Infantería de Marina en el área.
Mientras observaban el video captado por un avión teledirigido, pudieron ver que sus mensajes habían sido escuchados: El convoy se detuvo repentinamente, a 150 metros de la bomba.
“Para mí, toda esta operación fue como un esquema de lo que deberíamos estar haciendo en el futuro”, dijo Smothers.
Funcionarios militares dijeron que están planeando repetir la operación alrededor de Kandahar.
El esfuerzo es un importante cambio de opinión para la Fuerza Aérea, que había sido criticada por tomarse demasiado tiempo para adaptarse a diferentes tipos de amenazas desde el 11 de septiembre. Durante la Guerra Fría, se enfocó principalmente en blancos fijos como las bases soviéticas.
Pero los comandantes en Afganistán e Irak a menudo se han quejado de que es difícil obtener ayuda de los aviones espía antes de que los insurgentes se escabullan.
Oficiales de la Infantería de Marina y el Ejército dicen que empezaron a cambiar a medida que más aviones fueron enviados a Afganistán a principios de 2009 y la Fuerza Aérea mejoró en la combinación de varios tipos de información de espionaje para configurar un panorama más completo.
Y los nuevos analistas, que prácticamente se acababan de desprender de las computadoras y los videojuegos interactivos, han sido vitales.
Aunque los analistas de la Fuerza Aérea eran antes técnicos de respaldo, la generación más reciente trabaja en uniformes de camuflaje, con todo y botas de combate, en pisos abiertos, con cuatro monitores de computadora en cada escritorio. Grandes pantallas en las paredes muestran los videos transmitidos por los aviones teledirigidos, y el café y el Red Bull les ayudan a aguantar en los turnos de 12 horas.
Las salas de chat son cajas sin adornos en una pantalla de computadora con líneas de texto que avanzan y los líderes de tripulación mantienen docenas de ellas abiertas a la vez. Quizá luzcan burdas comparadas con Facebook, pero Christopher dijo que eran efectivas en crear confianza.
“Cuando no hay actividad, diré algo como: Hey, ¿qué tal tu día?”, dijo. “No es sólo el ¿Qué necesitas?”
También hay algo de interacción al viejo estilo.
La Fuerza Aérea, que tiene 4.000 analistas en bases como esta y está contratando a 2.100 más, ha enviado enlaces a Afganistán para que ayuden a comprender las prioridades en el terreno. Y algunos analistas toman el teléfono para forjar lazos más cercanos con soldados a los que nunca han visto.
Andrés Morales, un piloto de nivel superior, dijo que a menudo hablaba con un teniente del Ejército de 24 años de edad, ayudando a su batallón a encontrar depósitos de armas y rastrear a combatientes enemigos.
Pero después de que cuatro de sus compañeros soldados murieron, “realmente no quería hablar sobre información de espionaje”, dijo Morales, de 27 años. “Quería hablar, más o menos, sobre cómo es la vida en California, y cómo, cuando él regrese, vamos a ir a surfear juntos”.
Quentin Arnold, otro analista enlistado de 22 años de edad, dijo que había estado trabajando tan de cerca con los infantes de marina que entre 15 y 20 le pidieron ser amigos en Facebook. Acababa de recolectar 1.500 dólares entre los analistas aquí para enviar un paquete con cosas esenciales, incluyendo un sistema de juego PlayStation 3 y un Xbox 360, a algunos infantes de marina.
Sin embargo, tres cuartas partes de los 350 analistas aquí nunca han estado en las zonas de guerra, así que puede surgir una división cultural. Varios dijeron que se sintieron un poco intimidados cuando Smothers, de 36 años y quien ha estado cinco veces en Irak, entró en la sala aquí en febrero.
En ese momento, los analistas estaban combinando datos de los U-2 y los aviones teledirigidos para observar las carreteras que conducían a Marjah y los campos donde los helicópteros podrían aterrizar. Pero cuando Smothers miró sobre sus hombros, alentándolos a advertir a los infantes de marina sobre incluso las amenazas más tentativas, los analistas se animaron.
“Es como el gato doméstico tímido que no se te acerca al principio y ahora simplemente no quiere abandonar tu regazo”, dijo.
Conforme la operación se desarrollaba, los analistas transmitieron informes que permitieron que los infantes de marina mataran a por lo menos 15 insurgentes que estaban sembrando bombas.
Christopher, a quien le encanta charlar en Facebook con su familia en Ohio, estaba tan cansada de los turnos nocturnos durante ese periodo que prescindía de Facebook y se iba directo a dormir. Y en ocasiones, dijo, terminaba soñando con lo que acababa de ver en la guerra.