Guayaquil habla 'guayaco'

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Habla ahí loco, ¿cómo te baila? -Aquí pana, bajoneado. Mi vieja me armó un pitote por mi jeva y me botaron del camello, ando caído.

-Chuta brothers, laca... ponte once para vacilar unas chelas.

¿Lo identifica?, este es el inició de una conversación entre dos amigos guayaquileños que se encuentran en cualquier calle de la ciudad.

La jerga –lenguaje especial de ciertas profesiones o círculos– que usamos con amigos, familiares y hasta en los lugares de trabajo, se ha convertido en un ícono de identificación para los guayaquileños, más conocidos como ‘guayacos’.

Camello, choreo, bacán, pescuezudas; son palabras conocidas en el lenguaje criollo, que acompañadas con expresiones como: la naple, ponte once, andamos con la leona, lukea esa jeva, entre otras; hacen que la comunicación de los guayaquileños trascienda como una de las más coloridas a nivel nacional e internacional.

Eliecer Bodero, guayaquileño de 30 años, caramelero de ocupación, recorrió los últimos tres años ciudades y poblados de la Sierra vendiendo su producto. Asegura que su forma de hablar y su ‘pinta’ lo delataba como guayaco. “En cualquier lugar me sacaban pinta esos manes... igual me apoyaban con los chocolates”, comenta este colorido personaje que va de bus en bus ofreciendo sus caramelos. “Habla varón, apoya al caído. Como decía el Che Guevara: hombre que trabaja se construye, hombre que no trabaja se destruye, demuéstrame tu educación”, es una de sus charlas.

Fabricio García, vendedor de ropa de la Bahía, usa su ‘labia’ para atraer a los compradores. “Habla con tu cachina nueva broders”, vocea sin parar al ingreso del pasaje Villamil, en Pichincha y Colón, en el centro.

Para García, la ‘people’ le para más bola a su mensaje cuando le hablan la plena. “De ninguna..., yo le ofrezco cachina y aquí negociamos”.

Sin embargo, para las jergas también hay distinción social. Personas de clase media desechan algunas palabras, pero incluyen otras a su vocabulario, sobre todo en diferentes idiomas. María de Lourdes Narváez, estudiante de psicología de la Universidad Católica, le dice panas a sus amigos, y cuando planea ir a una reunión, arma una party (fiesta). “Con los panas siempre hablamos así, si no no estás en onda y no eres nice (bonito o agradable)”.

Jergas desde la colonia
Melvin Hoyos, director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, sitúa a los elementos fonéticos que utilizan los guayaquileños para comunicarse desde la época de la colonia, aunque aclara que no se trata de una particularidad genética que refleje personalidad, sino de un fenómeno sociológico-antropológico que existe en todo el mundo, sobre todo en ciudades puertos como Guayaquil, donde llegan personas de diferentes culturas.

“Mientras más influencia foránea hay, más elementos fonéticos aparecen”, sostiene Hoyos, quien identifica las palabras más usadas en Guayaquil como originarias de culturas de países vecinos: Pana es venezolano, Man es colombiano y bacán es argentino”.

Rubén Aroca, director del Instituto de Investigación de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica, coincide con Hoyos en que la calidad de Guayaquil, como puerto económico, influencia mucho en las jergas o modismos de hablar de sus habitantes, sin embargo, él incluye otros aspectos como la aparición de los medios de comunicación masiva y los programas de televisión.

“Durante la primera mitad del siglo XX con la aparición de los medios de comunicación y en las décadas de los 70 y 80 con las telenovelas, es donde este fenómeno se volvió más agresivo”, manifiesta Aroca.

Mientras que en la década del 90 y hasta la actualidad otro factor que influyó en la jerga popular es la migración, dice Aroca, quien asegura que aunque no se la puede calificar como un fuerte signo de identidad, esta seguirá existiendo e innovándose.

Es decir, que por bastante tiempo, Franklin Quijije y Orlando Durán, cobrador de buseta y canillita respectivamente, seguirán voceando: Habla varón, infórmate con tu Universo o Pare chofer..., avance madrecita que al fondo entran cinco.

Textual: La jerga
Rubén Aroca
Sociólogo-antropólogo
“En el tiempo de nuestros abuelos las jergas permanecían intactas porque no había TV y algunos no sabían leer”.

ILUSTRACIÓN:
De izquierda a derecha: Fabricio García, ofrece boxers y polines en el pasaje Villamil de la Bahía. La universitaria María de Lourdes Narváez espera a sus amigos en la U. Católica. Franklin Quijije, llama a los pasajeros de la línea 91 en Las Malvinas. Orlando Durán, quiteño residente en Guayaquil desde hace 20 años, vocea el periódico y guachitos de lotería; y el caramelero Eliecer Bravo espera un bus en la avenida Quito.