El mundo de Harry Potter en un parque

The New York Times
ORLANDO, Florida.- Hice mi tarea antes de ser enviado a dar un vistazo a la nueva atracción del Mundo Mágico de Harry Potter en el Universal Orlando Resort. Sabía que estaría bebiendo cerveza de mantequilla. Sabía que las pinturas me hablarían y que perdería la cabeza en un juego mecánico de alta tecnología. Sin embargo, no sabía que casi moriría pisoteado por una muchedumbre de depresivos pos-Potter.

Temprano un sábado reciente, estaba de pie justo por dentro de la entrada al Mundo Mágico con mi familia, admirando la maravillosamente detallada Hogsmeade, una aldea de tiendas estrafalarias que tiene un papel prominente en los libros de Harry Potter de J. K. Rowling. Éramos los beneficiarios de un recorrido de prensa y teníamos el lugar más o menos para nosotros. Ahí estábamos de pie al lado de un carromato de bebidas en forma de barril, charlando con los dos guías.

Era un momento encantador y tranquilo hasta que estalló un grito y veintenas de personas cruzaron la entrada en estampida, casi directamente hacia nosotros. Resulta que el Mundo Mágico (cuya apertura formal fue el pasado 18 de junio) había concedido acceso por unas horas a personas que compraron cierto paquete vacacional. Había muchas de ellas y su mentalidad era la de una horda.

No pareció importarles que un violonchelo estuviera tocando solo en el escaparate de la tienda de música de Hogsmeade o que la máquina del tren del Expreso de Hogwarts estuviera estacionada justo ahí a la espera de que se le tomaran fotos. Tampoco pareció importarles que nuestros guías fueran Mark Woodbury, presidente de Universal Creative, y Alan Gilmore, director de arte del parque, lo cual los convierte en personas muy importantes.

No, lo que les interesaba era llegar al otro lado del Mundo Mágico, el sitio donde se ubica el Castillo de Hogwarts, dentro del cual hay un juego mecánico llamado Harry Potter y el Recorrido Prohibido.

Para los fanáticos serios de Harry Potter, este juego mecánico se ha convertido en algo como el mago malévolo Lord Voldemort: una cosa de la que se dice que tiene poderes asombrosos. Y, al menos en esos días previos a la inauguración, el juego mecánico tenía un carácter esquivo al estilo Voldemort también. Aún estaba siendo ajustado, así que no había garantía de que estuviera funcionando. De ahí la estampida: los escandalosos querían ser los primeros en la fila para aumentar sus posibilidades de subirse al juego en caso de que el personal técnico decidiera cerrarlo.

Mientras me levantaba del sueño y revisaba si mi cámara estaba dañada, me di cuenta de que para estas personas, aparentemente, habían sido tres años   muy largos.

Esa es la cantidad de tiempo que ha pasado desde que Rowling puso fin al relato de Harry y sus amigos magos al publicar el séptimo y último libro en su serie multibillonaria. Desde entonces, en sitios de fans, blogs y otros medios similares, los seguidores más ardientes de Harry han estado comparando notas en línea sobre lo que llaman la depresión pos-Potter: su creciente desesperación al darse cuenta de que no habrá más historias sobre Harry o Hogwarts, la escuela de magia y hechicería. Cuando uno se ha metido tan profundamente en un mundo de ficción como estos fanáticos, es desalentador tener que reconocer que, sin importar cuántas veces se suba uno en ella, la escoba doméstica nunca va a volar.

Conozco el tipo. Yo mismo soy meramente un admirador de Harry y Rowling, no un Pottermaniaco. Pero todos en mi casa se metieron de lleno en el libro uno. ¿Qué tan de lleno? Nuestra habitación para invitados tiene carteles de Harry Potter en todas las paredes disponibles. No recatados y de buen gusto. Carteles de dos metros y medio, como los que uno ve en el vestíbulo de una sala de cine. Dos metros y medio de un gigantesco Daniel Radcliffe (quien interpreta a Harry Potter en las películas) y Emma Watson (Hermione) que miran hacia la cama. Ningún invitado ha aceptado nuestra invitación a la recámara de huéspedes desde la primavera del 2002.

La estampida de esa mañana quizá siga siendo un ritual diario incluso después de que el Mundo Mágico abra por completo, porque los fanáticos ardientes, de los cuales hay cientos de miles, están desesperados por una nueva experiencia de Harry Potter y esperan que el juego mecánico del Recorrido Prohibido se las ofrezca. Lo cual es un poco incongruente, puesto que el Mundo Mágico no es realmente una atracción que uno recorra, es una que te absorbe.

Harry desearía haber tenido ocho ojos más. Volvía su cabeza en todas direcciones mientras recorría la calle, tratando de ver todo a la vez: las tiendas, las cosas dentro de ellas, la gente que realizaba compras.

El Mundo Mágico es parte de las Islas de la Aventura, uno de los dos parques temáticos en el centro vacacional de Universal. (Contrario a algunos informes en la web, no requerirá una cuota de admisión separada; los mismos 79 dólares que le permiten entrar a la Aventura Fluvial del Parque Jurásico y el Caro-Seuss-El también le darán acceso al Mundo Mágico).

Pero la nueva área es decididamente diferente a las que le rodean.
Es la antítesis de la mayoría de las atracciones de los parques temáticos, donde el meollo es pasar de un juego mecánico al otro lo más rápidamente posible. Solo hay tres juegos mecánicos en las ocho hectáreas del Mundo Mágico, y dos de ellas -para tomar una imagen de otra fantasía­ son las hermanastras feas del Recorrido Prohibido.

Empleados disfrazados estaban casi rogando a los visitantes que los utilizaran el fin de semana que estuve ahí.

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