David Samaniego Torres

Cómo combatir la corrupción

En ocasiones, amigas y amigos, esta columna se alimenta con las opiniones de ustedes, de quienes me leen, reflexionan y luego me participan sus conclusiones, con sus propias palabras o con textos de autorías variadas, como en el presente caso.

La corrupción no debiese existir porque se trata de una “manera chueca de obrar”, sin embargo, existe. Los gobiernos, ayer como hoy, son elegidos para administrar justicia, para velar por el bien público y para combatir la conculcación de leyes y normas. Un pueblo está condenado al fracaso cuando sus autoridades impiden la fiscalización, a sabiendas de que es un instrumento válido para velar por la salud moral de una población. Aupar la corrupción o generar corrupción, que da igual, es un mal que termina doblegando la voluntad de los buenos, acrecentando la audacia de los malos y postrando a los pueblos inexorablemente.

El mensaje que me envían y que lo hago mío a continuación, dice en pocas palabras: No esperes que la corrupción desaparezca si tú no lo haces; procede como que todo depende de ti; con tus actos impide la corrupción y mantente ajustado a tus valores y tradiciones.

“¿Encuentra usted absurdo el robo de camiones de carga y autos, a veces hasta con asesinatos de las personas? Pues, exija la factura en todas sus compras y no compre a los ‘cachineros’. ¿Encuentra absurdo el desorden causado por los vendedores ambulantes? No les compre nada; buena parte de sus mercaderías son productos robados, falsificados o contrabandeados.

“¿Encuentra asqueroso el enriquecimiento ilícito? No admire a esos nuevos ricos; rechácelos y no dé coimas pequeñas ni grandes. ¿Encuentra denigrante la cantidad de mendigos en los semáforos y/o en cada esquina? Nunca les dé limosnas. Canalice su ayuda solidaria directamente a las instituciones de su confianza. ¿Usted encuentra absurdo que las lluvias inunden la ciudad? Solamente tire papelitos y basura en los canastos de basura; barra su acera frente a su casa y si construye, no eche la basura en las calles.

“¿Encuentra absurdo que haya revendedores de entradas para espectáculos? No les compre, aunque eso signifique perderse el evento. Mejor trate de comprar con anticipación. ¿Usted encuentra absurdo el tránsito en su ciudad? Nunca cierre el paso, respete las normas, estacione en los lugares habilitados.

“¿Considera alarmante el índice de criminalidad en este país? Si es empresario, invierta en Ecuador; trabaje con calidad si es empleado; y ambos paguen sus impuestos. No se haga el sabido ni lo permita. Produzca con calidad y pague sueldos de dignidad. Con ello, podrán darles una educación de calidad a sus hijos y evitar la formación de delincuentes. No hay criminal que no salga de una familia. ¿Usted encuentra terrible el problema de la drogadicción? Atienda bien a sus hijos, fórmelos con amor y sacrificio… ni siquiera tendrá que vigilarlos”.

Divulguemos estas ideas. No deben quedar solo en nuestras mentes. Deben pasar a la acción. Reclamemos con valentía la omisión de los llamados a combatir la corrupción, pero, además, ingresemos al escuadrón de los enemigos de este grave mal.

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