Cuenta el periódico electrónico ecuadorinmediato.com que, el sábado 5 de junio, los familiares de Bolívar Echeverría encontraron al pensador ecuatoriano inerte en su escritorio: había muerto de un infarto en su casa en la ciudad de México. Echeverría no solo actuó como un hombre de izquierda en un tiempo en que los referentes se derrumbaban (basta citar el Muro de Berlín) sino, además, como un marxista que sostuvo la necesidad de mantener renovados un pensamiento y una práctica transformadores.

Nacido en Riobamba en 1941, se empeñó en conocer a fondo el funcionamiento del capitalismo y las maneras en que se podía contestarlo.

Preocupado por las formas y los efectos de la cultura política moderna, en Valor de uso y utopía, de 1998, reflexionó sobre la modernidad, la revolución y la violencia. Hacer política de izquierda, para él, guardaba relación con “la actitud y la actividad más o menos espontánea o más o menos organizada de resistencia al proyecto civilizatorio de la modernidad capitalista”. Echeverría juntó con lucidez la teoría de la producción con los discursos históricos, semióticos y literarios. Por ejemplo, partió de un personaje de la novela La montaña mágica, de Thomas Mann, para meditar sobre la decadencia de la modernidad.

Para ahondar sobre la civilización occidental, retomó a Friedrich Nietzsche y al poeta Rainer Maria Rilke; para aclarar el valor de uso hoy, revisó la obra de Charles Baudelaire y de Walter Benjamín, lector privilegiado del poeta.

Una inquietud general marcó sus meditaciones: “en qué medida el proyecto teórico de Marx tiene todavía actualidad, puede ayudar aún a componer relatos explicativos de la vida social y de su historia”. Echeverría fue un cuestionador del marxismo que siempre revisitó el ideario original de Marx para extraer lecciones actualizadas. De allí que el contexto de los ensayos de Vuelta de siglo, de 2006, lo mostró como un intelectual fino, innovador y comprometido con la crítica.

El sobrecalentamiento de la Tierra, el agotamiento de los yacimientos petrolíferos, el desciframiento del genoma humano, el descubrimiento del agua en otros planetas del sistema solar, la generalización de la informática, la exploración de la nanotecnología, el empoderamiento femenino, la expansión de la categoría de migrantes, etcétera, fueron acontecimientos que no pasaron inadvertidos para él, pues el siglo XX nos instaló en una paradoja: “la historia de la modernidad capitalista es la historia de una realización de la esencia de la modernidad que ha sido sin embargo una negación sistemática de ella”.

La barbarie en nombre de la cultura, la lectura como pasión, la nación posnacional, el barroquismo latinoamericano, entre otros tópicos, otorgan dirección al cambio de siglo, en el que ser de izquierda, para Echeverría, más que definirse por una eficacia política que conquiste el poder estatal por el bien de las mayorías, es una actitud ética de resistencia y rebeldía frente a la enajenación y a la pérdida de la condición humana en los sujetos y en las comunidades. Como siempre que muere un escritor, la mejor manera de tenerlo vivo es leer sus libros y dejarse tocar por sus fulgurantes ideas.

Echeverría nos enseñó que, aunque los modelos comunistas fracasaron, es inaceptable creer que ya no se debe luchar por un mundo más justo, más equitativo y más solidario.

Bolívar Echeverría, redivivo
Cuenta el periódico electrónico ecuadorinmediato.com que, el sábado 5 de junio, los familiares de Bolívar Echeverría encontraron al pensador ecuatoriano inerte en su escritorio: había muerto de un infarto en su casa en la ciudad de México.
2010-06-17T15:48:42-05:00
El Universo

El director teatral Santiago Roldós (i), el autor Fernando Balseca y la crítica literaria Cecilia Vera de Gálvez, durante la cita.

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