Cameron apoya lucha de etnias
The New York Times
VOLTA GRANDE DO XINGú, Brasil.- Vinieron de los lejanos extremos del Amazonas, viajando en pequeñas embarcaciones y canoas hasta tres días para hablar sobre su destino. James Cameron, el titán de Hollywood, estaba parado frente a ellos con rayas naranja de guerrero pintadas sobre su rostro, comparando las amenazas en sus tierras con una víbora que devora a su presa.
"La serpiente mata sofocando muy lentamente", dijo Cameron ante más de 70 indígenas, algunos sostenían lanzas, arcos y flechas, debajo de un árbol aquí a orillas del río Xingú. "Así es como lentamente, muy lentamente, el mundo civilizado devora el bosque y hace desaparecer al mundo que existía".
Como para poner de relieve ese punto, a los pocos segundos cayó una venenosa serpiente de un árbol, muy cerca de donde estaba sentada sobre un tronco la esposa de Cameron. Retumbaron los gritos. Los pobladores se diseminaron. Mataron a la serpiente. Después, los líderes indígenas empezaron una danza de agradecimiento, la cual terminó en la embarcación que se llevó a Cameron. Durante todo ese tiempo, el cineasta bailó de manera vacilante, sacudiendo una lanza, usando un penacho de jefe de plumas amarillas y blancas en la cabeza.
En los quince años transcurridos desde que escribió el guión de Avatar, su relato épico de la codicia contra la naturaleza, dijo Cameron, se había vuelto un ávido ambientalista. Pero destacó que hasta su viaje al Amazonas brasileño en marzo, su activismo se limitaba mayormente a la manera ambientalmente responsable con que intentaba llevar su vida: energía solar y eólica alimentan su hogar en Santa Bárbara, California, dijo, y tanto él como su esposa conducen vehículos híbridos y hacen su propia jardinería orgánica.
Avatar y sus casi 2.700 millones de dólares en ventas de boletos en todo el mundo ha cambiado todo eso, inundando a Cameron de elogios por ayudar a "otorgar un elemento emocional" a los asuntos ambientales y de exhortos a que se involucrara más.
Ahora, dijo Cameron, ya se sintió motivado a entrar en acción, a expresarse en contra de la destrucción ambiental inminente que pone en peligro a grupos indígenas en todo el mundo; una causa que está alimentando su ira interior e inspirando su trabajo en una secuela de Avatar.
"Todas las experiencias directas que tengo con pueblos indígenas y su situación pudieran alimentar la naturaleza de la historia que elija contar", dijo. "De hecho, casi seguramente lo haré". Al referirse a su viaje al Amazonas, agregó: "Sencillamente me enfurece más".
El enfoque gira en torno a la enorme presa Belo Monte planeada por el gobierno brasileño. Sería la tercera más grande del mundo, y ambientalistas dicen que inundaría cientos de kilómetros cuadrados del Amazonas y secaría un tramo de 100 kilómetros del río Xingú, devastando a las comunidades indígenas que viven en sus orillas. Durante años, el proyecto estuvo archivado, pero el gobierno ahora planea conceder contratos para su construcción.
Detener la presa se ha convertido en una nueva cruzada personal para el director, quien acudió aquí mientras dirigentes indígenas de trece tribus celebraban un consejo especial para discutir sus últimas opciones. Fue su primera visita al Amazonas, dijo Cameron, aun cuando basó el planeta de ficción de Avatar en los bosques tropicales del Amazonas. Sin embargo, descubrió que las similitudes de la vida real con los temas de su filme eran innegables.
La presa es un "clásico ejemplo del tipo de cosas que nosotros mostramos en Avatar: la colisión de la visión del progreso de una civilización tecnológica a costa del mundo natural y las culturas de los pueblos indígenas que ahí viven", indicó.
Cameron agregó que estaba escribiendo una carta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, exhortándolo a que reconsidere la presa, amén de que presionaría para reunirse con el mandatario. "Ellos tienen que escuchar a estas personas", dijo.
Cameron, de 55 años de edad, conoció por primera vez esta causa en febrero, después de que le presentaron una misiva de organizaciones activistas y grupos de nativos americanos diciendo que deseaban que Cameron destacara "las verdaderas Pandoras del mundo", en referencia al exuberante mundo bajo ataque en su filme.
Atossa Soltani, el director ejecutivo de Amazon Watch, quien lo acompañó en su viaje en marzo, dijo que Cameron se había motivado ante la idea de aprender más, diciendo que había crecido en los bosques canadienses e incluso había acumulado miles de horas de exploración subacuática de los océanos del mundo.
Muchos de los dirigentes indígenas con los que planeaba reunirse nunca habían oído de él, y no digamos visto su película. Todo lo que sabían era que "un poderoso aliado" estaría presente en su reunión, dijo Soltani.
Así que, la noche previa a la llegada de Cameron y su esposa, Suzy Amis, acompañados por tres guardaespaldas, aproximadamente una docena de aldeanos se reunió en la casa de José Carlos Arara, el jefe de la tribu arara aquí, para ver un DVD de Avatar.
"Lo que ocurre en la película es lo que está ocurriendo aquí", dijo Arara, de 30 años.
A la mañana siguiente de la llegada del grupo de Cameron a la aldea, Arara los guió en una caminata a través del bosque tropical. Cameron, casi reflejando a los cautivados científicos de su película, estaba tranquilo pero con los ojos bien abiertos, formulándole preguntas al jefe acerca de la fauna y flora local y las costumbres tradicionales de los indígenas. En pocos segundos, el jefe le enseñó cómo podía fabricar abrazaderas para los tobillos con hojas, las cuales le podían servir para escalar un árbol de azaí.
Más tarde, los líderes invitaron a Cameron a que participara en su reunión. Se sentó en un pequeño pupitre de madera mientras ellos pronunciaban discursos condenando la inminente presa y al gobierno brasileño. Pareció que a Cameron se le salieron las lágrimas cuando algunos dirigentes dijeron que estarían dispuestos a morir para detener la presa.
Finalmente, le pidieron a Cameron que hablara. Se paró y felicitó a los líderes por su unidad, diciendo que necesitaban combatir los esfuerzos del gobierno para dividirlos y debilitar su resistencia.
"Eso es lo que puede detener a la serpiente; eso es lo que puede detener a la presa", dijo.
Una ola de aplausos estalló entre los concurrentes. Cuando la verdadera serpiente cayó del árbol, el director pareció inmutable.
Después de deshacerse de ella, los indígenas le agradecieron con presentes. Uno le dio una lanza, otro un collar de semillas negras y rojas. Otro más, el Jefe Jaguar de la nación de los Cayapo, una de las más respetadas de Brasil, le dio su tocado antes de que empezaran las danzas en honor de Cameron.
"No es que hubiera alguna presión sobre mí o algo", dijo medio en broma, momentos antes de abordar la embarcación. "Estas personas realmente esperan que yo haga algo con respecto a su situación. Tenemos que intentar parar esta presa. Todo su estilo de vida, su sociedad como la conocen, depende de ello".





