Domingo 14 de marzo del 2010 Tecnología

Ambiguo impacto de los medios sociales sobre la democratización

Por Francis Pisani

Web 3.0

El pasado 8 de marzo el Gobierno de Estados Unidos puso fin a la prohibición de exportar tecnologías de la comunicación a Irán, Sudán y Cuba.

“Entre más gente tenga acceso a una gama de tecnologías de internet y sus servicios más difícil será para el Gobierno iraní reprimir la libre expresión”, declaró al New York Times un miembro de la administración de Obama.

No es tan sencillo. Los dictadores y fanáticos también pueden inundarnos de tweets, servirse de Facebook y YouTube. Lo hacen con creciente arte y maestría, explica Evgeny Morozov en su blog en ForeignPolicy.com, en el transcurso de una conferencia TED, y en un artículo de la revista Prospect. Combate la creencia en la democratización a través de las tecnologías de la información plasmada de manera caricaturesca en los artículos sobre la revolución de Twitter, que estaría ocurriendo en Irán.

Sus argumentos pueden ser reagrupados en tres órdenes:

Primero, las concesiones. Al permitir que un movimiento de protesta sea seguido por muchas personas, la web facilita que los simpatizantes tímidos se unan a los demás. “Un estudiante iraní apolítico, por ejemplo, puede ver que todos sus amigos en Facebook están protestando y decide unírseles”. El movimiento puede crecer como una bola de nieve o, como dicen los especialistas, en “cascada de la información”. De la misma manera puede dificultar la represión brutal. Y aunque a ciertos gobiernos, como Birmania o Corea del Norte, les tenga sin cuidado verse brutales, a muchos otros sí les importa.

En un segundo punto, Morozov recuerda que en ciertos casos, como en Bielorrusia o Irán, el uso de la web por parte de los gobiernos ha sobrepasado el uso de los contestatarios. Se sirven de ella para “infundir miedo” y seguir la pista de los disidentes. El acceder al e-mail de un activista pone a la vista a sus interlocutores. Recurren, cada vez más, al data mining para identificar revoltosos.

Nos hacemos ilusiones, pues, y ese es su tercer argumento, sobre los beneficios democratizadores de la internet. “A menudo, la cascada de información no consigue involucrar a la muchedumbre, incluso cuando no prevalece el miedo impuesto por el Estado.

Si bien la internet contribuye a reducir el poder de regímenes autoritarios, no lo transfiere necesariamente a los demócratas. Puede fluir hacia grupos peores que el régimen mismo. Hacen crowdsourcing de la represión (no lo dice en este artículo) con esbirros poco recomendables que se benefician de su apoyo. También saben que “la internet podría funcionar como el nuevo opio de las masas”. La conclusión: “No nos hagamos tontos. Nadie sabe cómo crear esferas públicas digitales sostenibles capaces de promover la democracia”.

Nuestra tendencia a hacernos ilusiones es culpa, según Morozov, en gran medida, de Clay Shirky, gurú de la capacidad de “organizarse sin organización”, y más en el ámbito político. Aparece como “el hombre mayormente responsable de la confusión intelectual sobre el rol político de la internet”.

Felizmente, Prospect también le cede la palabra. Shirky concede que las protestas del 2009 en Irán no pudieron ser desencadenadas por medios tipo Twitter, ni por celulares. Manaron de la “la voluntad del pueblo de desafiar a su gobierno”. El punto central, sin embargo, es que “de la misma manera que la reforma protestante fue moldeada por la imprenta, la insurrección iraní fue y es moldeada por los medios sociales”.

Es más, “la penetración de los celulares y la internet transformaron la vida cívica al cambiar las formas en las que el público interactúa entre sí.

El Gobierno recurre a las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) para reprimir, pero “aun si se toma en cuenta que amplían su capacidad de vigilancia, el valor neto de los medios sociales ha desplazado el fiel de la balanza del poder a favor de los ciudadanos iraníes”.

Shirky sigue convencido de que si el gobierno puede bloquear las comunicaciones durante una marcha, es poco probable que quiera aislar al país por mucho tiempo.

Como de costumbre, en Irán, “el Estado detenta más poder que los insurgentes. Sin embargo, la insurgencia ha logrado pasar de una diseminada disconformidad sin coordinación a ser un verdadero movimiento de protesta. Parte de esta transición gracias a dichas herramientas”.

Pero no termina ahí la discusión por los textos de los dos participantes. Nancy Scola, de TechPresident.com, les reprocha a ambos ignorar el impacto de los medios sociales en la democratización cotidiana, y en la apertura al mundo de las sociedades cerradas. Hace falta profundizar más. El debate está mal emplazado porque parte, sin decirlo, de una pretendida naturaleza de las tecnologías de la información calificadas de buenas o malas.

Su mayor mérito, desde lo social y lo político, consiste en que abre nuevos espacios de confrontación donde los poderosos pueden valerse de sus armas tradicionales a condición de desplegarlas con innovación. Los contestatarios, por su parte, pueden beneficiarse de su capacidad de ocupar tales espacios de manera expedita y aprovechar las oportunidades que ponen a su alcance estos campos aún no amurallados.

Links

blogs.wsj.com
www.nytimes.com
evgenymorozov.com y neteffect.foreignpolicy.com
shirky.com
prospectmagazine.co.uk
prospectmagazine.co.uk

Tecnología

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.