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Parque Yasuní, símbolo de la megadiversidad global

Documentadas al menos 2.224 especies de árboles, 271 de anfibios y reptiles, 567 de aves y 169 de mamíferos, la biodiversidad del Parque Nacional Yasuní es catalogada como la más grande del mundo, según varios informes, entre ellos uno realizado por un equipo multinacional de científicos y publicado en enero pasado por la revista especializada PLoS ONE.

En ese mundo verde estuvo EL UNIVERSO, en momentos en que la OPEP conocerá el próximo miércoles la denominada Iniciativa Yasuní-ITT, que plantea dejar unos 860 mil millones de barriles de petróleo bajo tierra, a cambio de una compensación económica mundial.

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Un pato aguja da la bienvenida al mundo verde oscuro del Parque Nacional Yasuní. Se muestra con sus alas desplegadas, con sus plumas azules adornadas con dos líneas blancas que corren paralelas de la cabeza a la cola. Vuela rasante al río de aguas verdosas, se levanta y desciende. Hace piruetas en el aire y cae en picada al río, en busca de comida.

Aquella escena paisajística emociona. Pero es tan solo una de las sucesivas que se aprecian en las entrañas del Yasuní, la zona más megadiversa del planeta, según varios reportes. Este es el rostro de la Pacha Mama, como se la cita a la naturaleza en la Constitución y a la que se le otorgan derechos para protegerla, como la prohibición de no explotar recursos en las zonas declaradas como reserva.

El río Yasuní, donde juguetea el pato aguja, es uno de los cinco principales cauces de la reserva y se deja ver como dormido en el regazo verde. A sus orillas se balancean palmas y lechuguines; de las copas de los árboles caen bejucos que besan y se dejan acariciar, y besar, por el agua.

Una tortuga charapa toma sol sobre el tronco de un árbol muerto en el agua. Las charapas, cuyo caparazón puede llegar a medir un metro, constituyen la mayor tortuga de agua dulce del mundo y en el Yasuní se las ve a cada rato. Cuando ella se zambulle, a ese puesto llegan cientos de mariposas amarillas y blancas. Un guía local explica la aparente coincidencia: las charapas secretan una sustancia salinosa que es una golosina para las mariposas. Es una muestra de la convivencia entre cientos de especies en aquella reserva, de 982 km² y ubicada en el extremo oriental de Orellana y Pastaza.

La charapa es una de las 271 especies de anfibios y reptiles registrados en la zona protegida, según un estudio de un equipo multinacional de científicos, que publicó en enero pasado la revista científica PLoS ONE. El diagnóstico señala que el Parque Nacional Yasuní (creado como tal por Ecuador en 1979) constituye el récord mundial de biodiversidad, por su variedad de plantas y animales.

El doctor Peter English, de la Universidad de Texas en Austin (EE.UU.) e integrante del equipo investigador, señaló: “los anfibios, pájaros, mamíferos y plantas alcanzan su máximo de diversidad en Yasuní”. Los resultados del estudio se compilaron hasta noviembre del 2009.

Ahí se advierte, además, que las reservas de petróleo del campo ITT (siglas de los sectores Ishpingo, Tambococha y Tiputini, ubicados en el Yasuní y donde hace casi una década se hicieron pozos exploratorios) constituyen un riesgo para la biodiversidad. Si se decide explotar, los daños para la reserva serían incuantificables, indica.

Justo ahora el Gobierno ecuatoriano adelanta los planes A y B sobre ese crudo. El A se lo conoce como Iniciativa Yasuní-ITT y plantea no extraer los 860 millones de barriles que están en sus entrañas, a cambio de un aporte económico mundial. El otro plan es sacar el crudo.

Una comisión presidida por el vicepresidente Lenin Moreno está de gira, hace una semana, por Medio Oriente y Europa promoviendo la Iniciativa.

El miércoles próximo el tema se presentará en la cumbre de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en Viena. Moreno, en una entrevista vía correo electrónico, asegura que en su gira los árabes le ofrecieron respaldo en el foro.

“La organización tiene una bolsa de $ 6.000 millones, que usualmente destina a proyectos de desarrollo en las naciones pobres. El programa conservacionista es un tema que necesitan los países productores de petróleo, en momentos que la biodiversidad, el cambio climático, son asuntos que interesan a todo el mundo. De ahí que el Yasuní-ITT sería un proyecto bandera de la OPEP”, dice Moreno.

El río Yasuní cruza por el centro del Parque Nacional que lleva su nombre (los otros son Tiputini, Napo, Cononaco y Curaray). Nace en la misma selva. Este afluente es el acceso más distante, de los tres existentes, al Parque Nacional, a la zona del ITT, y sirve además, en una parte, como límite de la zona intangible. Esta última es un espacio de 700.000 hectáreas dentro del mismo Parque que se la define como intocable, para proteger a las tribus taromenane y tagaeri, no contactadas, y huaorani.

Luego de navegar por al menos doce horas por el río Napo se llega desde Coca a Nuevo Rocafuerte. Con no más de cien casas, una planta de luz que funciona de siete de la mañana a diez de la noche y sin telefonía celular, esta localidad es la conexión con el Yasuní, por el río.

Desde su desembocadura en el Napo y aguas arriba, el río Yasuní es una sucesión de paisajes. Un tucán vuela rasante y se posa en un ramaje. Mira a los extraños y mueve su pico curvo amarillo, grande. Más adelante se ven grandes árboles cubiertos por sombreros de telarañas. Hay tanta vegetación que cada árbol es distinto a otro. El estudio publicado en PLoS ONE cita que los científicos confirmaron que una hectárea del Yasuní contiene unas 655 especies vegetales, más que todas las que pueden encontrarse en todo el territorio de Estados Unidos y Canadá.

Se han registrado, además, más de 450 especies de lianas, aquellas que cuelgan de los grandes árboles, y 313 especies de plantas epífitas (que crecen en los troncos de otras, como los hongos). Se estima que en toda el área podría haber unas 2.244 especies de árboles y arbustos.

A dos horas de navegación desde Nuevo Rocafuerte está el corazón del hoy tan nombrado Bloque ITT, al mismo tiempo se está en la zona intangible, todo dentro del Parque Nacional.

Una trocha casi invisible lleva más a las entrañas. Hay fango, un penetrante olor a humedad, a naturaleza. Una columna de hormigas soldado va a su casa, parecida a un castillo de arena. En la tierra se divisan excavaciones de guantas y saínos. Y los árboles, los arbustos espinosos y los riachuelos se cruzan como impidiendo el paso.

Es el denominado científicamente Refugio del Pleistoceno, época geológica que comenzó hace 2,59 millones de años y finalizó unos 12.000 años antes de nuestra era. La Unesco declaró en 1989 a este Parque Reserva Mundial de la Biósfera. En 1995, en Sevilla (España), una conferencia de expertos determinó que en esas reservas las únicas acciones que se pueden desarrollar, para garantizar el equilibrio y la no contaminación, son: “[...] actividades cooperativas compatibles con prácticas ecológicas, educación ambiental, recreación, turismo ecológico e investigación aplicada básica”.

Tras abrir paso en la frondosidad durante media hora desde el río aparece un claro de 2 hectáreas. Ahí está una muestra de lo que significaría la explotación petrolera. Distantes unos 150 metros entre sí están lo que los lugareños, como Efrén Cox, vicealcalde de Aguarico, llaman los muñecos. Son dos pozos petroleros abandonados, por ahora. Son parte del denominado campo exploratorio Ishpingo.

Un “muñeco” tiene inscrito el nombre Ishpingo 1, junio de 1996. Otro, Ishpingo 3, mayo del 2002. Ambos están en el interior de la zona Intangible, indica, valiéndose de un GPS, el director de Ambiente del Gobierno Provincial de Orellana, quien toma muestras de suelo, junto con los técnicos Luis Villalba y Edwin Zamora. En dos sectores, al remover la tierra, brota una sustancia negra parecida a la brea. Es crudo que quedó derramado y no se ha descompuesto, pero los análisis de laboratorio permitirán certificar aquello, dicen los técnicos. Estos pozos permitieron comprobar la cantidad de reservas de petróleo.

Más allá de ese claro hay más selva. Ahí están las especies que describe el estudio publicado por PLoS ONE. Este dice que el Yasuní es uno de los lugares más diversos de aves en el mundo, donde se han registrado 567 tipos. Protege cerca de 169 mamíferos, 40% de todas las especies de la cuenca amazónica. Así como una inmensa diversidad de peces de agua dulce con 382 especies y con más de 100 mil especies de insectos por hectárea. En cuanto a peces, en los ríos viven el paiche y el paco. En las lagunas Tambococha y Jatuncocha salta el delfín rosado.

En la frondosidad hay un sendero y al avanzar solo se escucha el trinar de las aves. De pronto se oyen voces. Antes de intentar alguna reacción aparece una pareja de indígenas huaoranis. Son Etewani Omeway y su esposa, Nemonte Aiwa. Salieron al amanecer de su comunidad Cahuimeno, en un bote, y se adentraron en la selva de cacería con su cerbatana de 6 metros de largo y una escopeta. Ella carga un cesto, con tres monos y cinco pavas, muertos. Es la cacería para subsistir, que la practican los 2.800 huaoranis y los no contactados taromenanes y tagaeris.

Testimonio: Indígena huaorani
Etewani Omeway:
EDAD: 40 años.
Indígena de la comunidad huaorani Cahimeno, en el corazón del Parque Nacional Yasuní.

Exige respeto
“Ando de cacería. Mi esposa llama Nemonte Aiwa. En río hay un bebedero, allá llegan los monos y yo disparé cerbatana. Cogí tres. También con cerbatana cacé cinco pavas. Es para alimentar a mi familia y compartir con mis vecinos. Así nos ayudamos unos a otros. Cuando pasaba por el pozo vi un tigre, pero no pude disparar y se fue por allá, por adentro de la selva. Aquí nosotros cogimos nuestra comida, pero con sonido de avión y máquinas de petroleras, animales se van más adentro y no hay mucho. Por eso huaorani no quiere que petrolera entre por muchos sectores del Yasuní. Nosotros salimos cada tres semanas de cacería, para mantener a mis siete hijos. Salimos cuando hay gasolina para motor de bote, si no hay no puede salir huaorani porque es muy lejos de Cahuimeno, donde se encuentra comida. No he visto a tagaeri, pero aquí viven”.