Indigna que ante las declaraciones del coronel Juan Ruales salgan a defender lo indefendible jueces con espíritu de cuerpo, que en su gran mayoría dan mucho que desear con sus resoluciones, logrando la libertad de contumaces delincuentes y mafiosos, pescados in fraganti por la Policía.
Es vox pópuli el tráfico de la justicia a manos de muchos jueces corruptos. La voz del coronel Ruales no es sino una más de las millones de voces que quisieran levantar su protesta contra tremenda corrupción. Tendrían esos intocables jueces que seguirnos juicios a todos los ecuatorianos. El ataúd lleno de billetes que llevaban los manifestantes que están de acuerdo con el coronel Ruales proclama a gritos, con sobrada elocuencia, la podredumbre existente; que el poder judicial debe ser reestructurado de manera inmediata, antes de que el pueblo tome medidas –como lo hacen los grupos indígenas– al no confiar en ciertos jueces, y castigue a los delincuentes con sus propias manos.
¿Pueden imaginarse que delincuentes pillados con las manos en la masa y con evidencias del delito, contumaces narcos y violadores salgan en libertad a los pocos días de ser apresados, gracias a leguleyadas sorprendentes de jueces reincidentes en sus decisiones torcidas? Si llamamos a una marcha a todas las personas maltratadas por esta justicia, llenaríamos la avenida 9 de Octubre. ¿Por qué creen que muchos ya no lo llaman Palacio de Justicia, sino “Palacio de la Moneda”? Hay jueces honestos, probos, muy dignos, pero nada pueden hacer; pues con el mal llamado espíritu de cuerpo se ven obligados a defender a quienes no merecen su apoyo. No olvidemos nunca que más daño que la misma corrupción hace el silencio de los honrados y de las mentes limpias.
Marco A. Argüello Ruiz,
Guayaquil