¿Saben ustedes qué pasó con las rentas de Guayaquil? Lo pregunto porque decenas de miles de guayaquileños nos volcamos hace días a la avenida 9 de Octubre a repudiar el odio del Gobierno contra esta ciudad, pero esa misma tarde el alcalde Jaime Nebot dejó en evidencia que hasta allí llegaría. No solo no propuso a sus seguidores –que se lo exigían a gritos– cómo seguir la pelea, sino que al día siguiente se volvió a refugiar en un muy cómodo silencio.
Se demostró así que en la convocatoria a la avenida 9 de Octubre nunca existió el ánimo de desestabilizar –como mintieron los voceros de Alianza PAIS–, pero también que la estrategia de Nebot sigue siendo la misma: proclamar, amenazar y, luego, hacer la del capitán Araña.
Los dirigentes de casi todas las cámaras de empresarios, jefes de “los poderes fácticos”, actúan igual. Durante tres años los camaroneros guardaron prudente silencio ante el totalitarismo de Alianza PAIS, hasta este martes, cuando se vieron forzados a convocar a una movilización en los bajos del antiguo Ministerio del Litoral para protestar, con justa razón, contra un decreto confuso, mal redactado e incoherente. Inmediatamente el Gobierno rectificó (fiel a la costumbre de Correa, de retroceder ante cualquiera que le organice un paro), pero ya lo verán, lejos de aprovechar este signo de debilidad del régimen, la cámara volverá a su sepulcral silencio.
¿Qué decir de la Embajadora norteamericana? En las dos últimas semanas, justo cuando los indios hablan de un alzamiento, la señora ha emitido, por pura coincidencia, dos declaraciones oficiales para felicitar al Gobierno. La primera, para aplaudir a Correa por su enérgica lucha ¡contra el narcotráfico! No sé si se refería a los $ 100.000 que, según el Mono Jojoy, las FARC aportaron a la campaña electoral, o a las reuniones secretas de Gustavo Larrea con Raúl Reyes, o a la decepción del ex líder guerrillero por la forma en que algunos revolucionarios ecuatorianos se reparten “la merca”. El caso es que la Embajadora ordenó luego un segundo comunicado para declarar a Correa –portador de la espada de Bolívar que, “alerta, alerta, camina por América Latina”– como el mayor defensor de los tiburones. ¡Qué feliz estará Al Gore!
Así que allí los tienen. Los grandes “poderes fácticos”, desde la derecha política hasta el establishment norteamericano, pasando por los grandes empresarios nacionales, no son los que harán retroceder a la tiranía.
¿Y los dirigentes sindicales e indígenas? Llevan tres años deshojando una margarita: “Rafael nos quiere, no nos quiere, nos quiere, no nos quiere...”. Pero la margarita no termina de deshojarse, así que nadie sabe cuánto habrá que seguir esperando para que los “poderes fácticos” de izquierda se dignen a reconocer lo mal que anda el país.
Solo nos queda, pues, el pueblo llano, los hombres y mujeres de a pie, todavía confundidos, sin líderes. Son ellos, el pueblo, los desocupados, los que se rompen el lomo por un salario, los únicos que todavía podrían encabezar la defensa de la poca democracia que nos queda. ¡Pero no pueden hacerlo sin líderes! Así es, pero los líderes emergen cuando las circunstancias lo imponen. Que el pueblo asuma su rol; ya verán ustedes cómo florecen decenas de nuevos líderes que dejarán atrás a sus predecesores.