Finalmente fracasó en Colombia la pretensión de autorizar una nueva reelección del Presidente de la República. El sector oficial se resignó y postuló a otro candidato, el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos.
Según informan las encuestas, los colombianos creen que el balance de Álvaro Uribe es muy favorable, pero por lo visto también comprenden que no conviene que los políticos se perduren bajo la amenaza corruptora del poder del Estado.
América Latina debe felicitarse y agradecer a Colombia por esta decisión, que ojalá marque el inicio de una tendencia en contra de las pretensiones de muchos gobernantes de la región, encandilados por los encantos del poder. No comprenden que su argumento de que “han hecho las cosas bien”, aun si fuese cierto (no siempre lo es), no justifica el caudillismo. Todo lo contrario, solo la alternancia en los principales cargos del Estado permite en una democracia sólida que los éxitos se repitan.