- MAR. 10, 2010 - Foto - Internacional - EL UNIVERSO
CONCEPCIÓN, Chile La Presidenta de Chile, Michelle Bachelet (c), consoló a moradores de esta ciudad, la más afectada por el terremoto y los posteriores saqueos.
Michelle Bachelet, la primera mujer que ha gobernado Chile, entrega mañana el cargo con la amargura del terremoto que el pasado 27 de febrero devastó parte del país, pero sin ver menoscabada su popularidad ni las posibilidades de postularse a un nuevo mandato en el 2014.
La conciencia popular contradijo a los analistas y expertos que vaticinaban un incierto futuro político a Bachelet, tras imágenes de saqueos y errores gubernamentales en el manejo de la crisis, como la omisión de alertas para un tsunami que arrasó varios pueblos costeros.
Al fin de su mandato, el 84% de chilenos aprueba la gestión de Bachelet, según una encuesta después de la catástrofe por Adimark, consultora vinculada a la derecha.
De hecho, en localidades arrasadas por el sismo se vio a damnificados que lo habían perdido todo vivar a la Mandataria, olvidando sus penurias.
El fervor popular sobrepasó a los analistas que, tras los errores frente a la crisis, dieron por acaecida la muerte política de Michelle Bachelet, aunque, según recordó el analista Manuel Hidalgo, “solo la muerte física termina con la carrera de un político”.
Bachelet ha dado muestras de su capacidad para levantarse tras recibir golpes: su mandato partió resquebrajado por crisis heredadas, como la del Transantiago, el nuevo sistema de transporte público de la capital; casos de corrupción, como dobles sueldos de altos cargos ministeriales, o malos manejos en empresas estatales durante el Gobierno anterior.
La Mandataria ya había mostrado su templanza durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), cuando fue encarcelada y torturada junto a su madre y sufrió la muerte de su padre, un general opositor al golpe de 1973.
Una reforma social que incorporó a millones de chilenos hasta entonces marginados, a beneficios estatales en seguridad social, salud, vivienda y educación, y su presencia constante en cada ciudad y pueblo del país para escuchar a la gente fueron sus herramientas.
Contribuyó además una política económica que, sin grandes cifras en los indicadores, se proyectó hacia lo social, con medidas que contribuyeron a un reparto de la riqueza más equitativo, en un país que en 20 años cuadruplicó su Producto Interno Bruto (PIB) hasta más de 170.000 millones de dólares.
El terremoto pudo ser un revulsivo aciago para Bachelet, por factores como la ausencia de una oportuna alerta de tsunami o la demora en declarar el estado de excepción e instalar mandos militares en las zonas afectadas, pero los chilenos pudieron ver a una Bachelet omnipresente en las zonas afectadas, dialogando con los damnificados y supervisando personalmente la distribución de ayuda, mientras ocultaba su propio dolor, de la pérdida de la hermana de su padre, Alicia Bachelet, fallecida de un infarto durante el terremoto.