martes 09 de marzo del 2010 Columnistas
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Iván Sandoval Carriónivsanc@yahoo.com

Periodipublicidio

El empeño de cierto sector gubernamental para que el diario El Telégrafo acoja en sus rotativas la emisión del llamado periódico popular El Compañerito configura lo que yo llamaría un “periodipublicidio”. Se trata de estropear progresivamente aquello que fue una intención inicial de este Gobierno: darle al pueblo ecuatoriano un periódico público de excelente nivel y de circulación nacional. Se ha señalado reiteradamente que El Telégrafo no ha llenado las expectativas y está agobiado por deudas y problemas, pero no se ha dicho de manera suficiente que una parte de sus tribulaciones obedece a las presiones que ha soportado por parte de aquel “sector gubernamental” para que responda a propósitos diferentes de aquellos para los que originalmente se lo ungió como periódico público.

Desde el comienzo se le impusieron políticas que impedían el necesario deslinde de su calidad de “periódico público” con aquel remoquete de “prensa gubernamental”. No se realizaron de manera oportuna y suficiente las inversiones que se requerían para que pudiera imprimirse y circular con anticipación, llegando a todo el territorio nacional a primera hora de la mañana. Se lo indujo a la distribución masiva gratuita, lo cual en nuestra cultura equivale a una desestimación anticipada: no apreciamos mucho lo que se regala públicamente sobre todo si se cree que viene de parte del Gobierno, porque suponemos que equivale a propaganda. No se reforzó el equipo de reporteros investigadores. Se ha menospreciado públicamente y de modo casi oficial a sus columnistas llamándolos “intelectualoides”. Se lo ha hecho parte de un pool constituido en “compañía”, sobre el que aquel “sector gubernamental” tiene completo control.

Entonces aparece la idea de emitir El Compañerito, con la ilusión de que se venderá como pan caliente para compensar las pérdidas del “minusválido”, periódico público de modo que este pueda seguir circulando: flaco servicio le hacen con este menesteroso razonamiento. Según nos han adelantado, el nuevo periódico popular tendrá un perfil semejante al de Extra, pero estilizado. Aparentemente se cree que el “pueblo” solo requiere el opio del esoterismo y las notas de farándula para contentarse; no se le atribuye mayor afán de reflexión intelectual o de cultura. Para el “pueblo” basta con un “encebollado” impreso (con el perdón de los encebollados). Se fusiona sincréticamente lo estatal, lo gubernamental, lo nacional, lo popular y lo chichero.

Me resulta confortable pensar que, en este asunto, el Presidente de la República está “mal asesorado” y “mal informado”. Sería muy incómodo creer que toda esta ocurrencia proviene de él. Apelo públicamente al presidente Correa para que detenga este proyecto editorial. Ni el Gobierno requiere más propaganda, ni el pueblo pide más “chicha”. No se trata de adjuntarle un pasquín ortopédico a El Telégrafo para que sobreviva; hay que fortalecerlo y respetar su autonomía para que se consolide como un verdadero periódico público: libre, nacional, genuinamente popular y con la misma acogida y difusión que tienen los mayores periódicos independientes de nuestro país. En estas circunstancias, no resulta muy prudente, ni democrático, ni deportivo que algunos periodistas independientes parezcan regodearse con el infortunio de El Telégrafo. Porque si aquel “sector gubernamental” tiene capacidad para torpedear el periódico público, bien podría la prensa independiente mantener las barbas en remojo.

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