¿Qué tan racional y apropiadamente se usan medicamentos en la actualidad? ¿A qué se debe la inusitada proliferación de síntomas nuevos y de medicamentos para paliar o afrontar tales síntomas?
Unas décadas atrás, los países de la región andina, buscando contribuir a la salud de nuestros pueblos, decidieron luchar en forma conjunta contra algunas graves enfermedades comunes, en especial las infectocontagiosas. Con tal propósito firmaron en Lima el Convenio Hipólito Unanue. El nombre honra al famoso médico, prócer de la independencia del Perú. Los ministros de Salud de la región que integran el Organismo Andino de Salud (parte del Convenio Unanue) han formulado la Política Andina de Medicamentos. En ella se establece el carácter de “bien público del medicamento”, como parte del derecho a la salud, con cuatro bases estratégicas: 1. Acceso universal, 2. Calidad, eficacia y seguridad, 3. Uso racional y 4. Investigación y desarrollo.
Dentro de esta política han financiado, junto con el Fondo de Cultura Económica (México), la publicación de una obra destacable: La fabricación de nuevas patologías. De la salud a la enfermedad, del doctor Emilio La Rosa, director del Centro de Investigaciones y Estudios, Salud y Sociedad (con sede en París) y miembro del Comité Internacional de Bioética de la Unesco. El libro, entre otros temas, discurre sobre la racionalidad en el uso de los medicamentos.
Actualmente existe una tendencia exagerada a identificar nuevos síndromes (conjunto de síntomas que pueden caracterizar una enfermedad). En Estados Unidos, de una lista de 26 enfermedades mentales se ha subido en corto tiempo a 395 y peor aún en Europa, donde se ha llegado a la cifra de 895, cuando en años anteriores se registraban 26. Muchos médicos, con derroche de fantasía o prurito de figuración, describen una nueva enfermedad o síndrome. Y esto ha ofrecido la oportunidad a la gran industria farmacéutica para inventar nuevos medicamentos o modificar en algo la estructura química de los que ya están en el mercado, pese a ser escasa la ventaja terapéutica observable. Sin embargo, respaldada por millonarias campañas promocionales, la gran industria farmacéutica cosecha pingües ganancias.
Entre los tantos ejemplos mencionados en el libro está el del aumento del colesterol malo en la sangre, condición que se debe especialmente a una dieta rica en grasas saturadas y vida sedentaria. Un moderado aumento del colesterol malo en adultos jóvenes puede ceder con dietas apropiadas y ejercicios; lamentablemente, se tiende a la “medicalización” de las enfermedades y aun de la salud: en el ejemplo citado, el tratamiento medicamentoso cuesta miles de dólares. Lo mismo si se toma el aumento del colesterol como factor de riesgo de enfermedad coronaria, hay que considerar otros determinantes de la enfermedad, como sexo, genética, peso, sedentarismo, así que el tratamiento con medicamentos solo para bajar el nivel del colesterol no es apropiado, aunque sí muy efectivo para aumentar en millones las utilidades de la industria farmacéutica.