Diariamente vemos a elementos de la CTG parados en grupos con patrulleros y libretines en mano a la caza de los conductores; así no haya cometido usted una infracción, lo detienen para pedirle originales de todos los papeles (SOAT, licencia, matrícula, etcétera); luego empiezan a ver hacia dentro del carro y, si no encuentran nada “raro”, miran por afuera y se detienen a tocar espejos, focos, tratando de encontrarle la cuarta pata al gato; o mejor dicho un pretexto para decirle que lo van a multar a usted y que comience ahí el ruego con la consiguiente “manteca” (el billete que haga resbalar la posible citación y todo quede arreglado). Cómo quisiéramos que la CTG vuelva a ser orgullo de la ciudad de Guayaquil, y que sus elementos se manejen con alta honradez y no permitan ni ser coimados por los malos conductores, ni mucho menos ellos coimar a los ciudadanos.
Magaly de López
Guayaquil