lunes 08 de marzo del 2010 Columnistas
http://src.eluniverso.com/data/recursos/imagenes/alfonsoreecenew_91_91.jpg

Alfonso Reece D.areece@wales.zzn.com

¡CV!, ¡CV!, ¿se siente?

La objetividad es una frágil balsa que tiene que cruzar entre el Caribdis de los prejuicios y la Escila de los afectos personales. Intentemos con todas las precauciones aproximarnos al caso de Carlos Vera (CV), uno de los periodistas más reputados del país, devenido en líder político. Él ha convocado algunas concentraciones en distintas ciudades del país, que tuvieron escasa respuesta, la mayor no excedió de cinco mil personas, las demás rondaron los mil concurrentes. Parecen flacas frente a las manifestaciones organizadas por el Gobierno o por el Alcalde de Guayaquil, que reunieron decenas de miles de concurrentes. Pero ¿puede algún otro dirigente político convocar más sin las obvias facilidades que le prestan el ejercicio del poder, es decir, sin comités, sin buses y sin sanduchitos? Bueno, si hay alguien con esa capacidad, ¡que lo demuestre!


Se ha comentado que, contra lo que se esperaba de alguien que ha pasado buena parte de su vida detrás de los micrófonos, Vera no resultó un gran orador. La televisión es un medio radicalmente distinto de la barricada y de la tribuna, de manera que no es lógico presumir que alguien que fue brillante en la primera, lo será también en las otras. Bueno… ¿y cuál de los políticos en activo es un Demóstenes en las tarimas? Ninguno, cantan, hacen chistes (malos), insultan, pero eso no es oratoria.

Se preguntan entonces que, dadas estas situaciones, ¿no será que a Carlos le falta carisma para liderar la oposición? El carisma no es una cualidad objetiva, quienes parecen poseerlo tienen tan distintas cualidades y características, que es imposible encontrar un patrón común. Se puede decir que, al igual que la electricidad, no se lo puede ver, pero se pueden medir sus efectos… y estos no estarían produciéndose en el caso analizado. Pero si existiese, al igual que la electricidad, se lo podría fabricar, o se podría buscar la persona ideal para tenerlo, y verificar si funciona. Nadie ha conseguido ni una ni otra cosa hasta hoy, de manera que mejor busquemos otras fórmulas.

Lo que llaman carisma seguramente es un fenómeno de gregarismo, que con más seguridad se debe a las dinámicas de las masas que buscan un conductor, que a las cualidades del escogido para ese propósito. En cambio, hay otras facultades más objetivas que contribuyen a la creación o construcción del dirigente político: tenacidad, racionalidad y receptividad. Las personas no cambian, pero pueden modificar sus hábitos. Se puede esperar un “carisma”, una dádiva divina, que transforma, casi de la noche a la mañana, a un pintorcillo en un gran dictador, o se puede trabajar para formar una fuerza política coherente, que base su fuerza en su organización y sus ideas, no en las virtualidades del caudillo.


Finalmente, hay que señalar que el gran mérito de Carlos Vera es haber propuesto a la acéfala oposición ecuatoriana, ya que no un camino, por lo menos un sendero. Para ello ha puesto valor y ganas, pero la ruta apenas ha empezado a trazarse y deberá demostrar que está dispuesto a recorrerla. ¡CV!, ¡CV!, ¿se siente?… No, no todavía.

Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.