Domingo 07 de marzo del 2010 Comunidad

Cortes de agua causan malestar en el norte

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Rosa Peñafiel, quien trabaja en una picantería en la cdla. Los Vergeles, utiliza para cocinar agua de un tanque.

Tiene un cangrejal en la ciudadela Samanes I, en el norte de la ciudad, y para poder abrir su negocio la tarde del viernes pidió a sus vecinos que le regalaran agua de sus cisternas para poder cocinar.

Pilar López, de 52 años, dice que el corte registrado ese día más que incomodidad le produjo ansiedad, pues ella ya había comprado todos los ingredientes para la comida y de no encontrar quién la ayude habría perdido un día de trabajo en su local. Seis ollas industriales le sirvieron para recoger el líquido, pero no fueron suficientes para que su hija Stephany Farías pudiera abrir su negocio de venta de encebollados.

“Nos tienen que avisar cuándo va a haber un corte de agua, porque uno no puede estar desprevenido”, repite indignada.

Sobre esto Ilfn Florsheim, vocera de Interagua, indicó que la concesionaria no tiene forma de prever el corte del servicio porque no puede saber cuándo va a ingresar agua turbia del río Daule a la planta La Toma.

Este fenómeno, explicó, sería la causa de los últimos cortes registrados sin previo aviso el viernes 26 y sábado 27 de febrero, y el jueves y viernes pasados. Florsheim recalcó que el nivel normal de turbiedad es de 24 unidades, pero que Interagua puede trabajar hasta con 500. Sin embargo, el viernes se anotó una cantidad de 1.700 unidades, número que superó la del miércoles, cuando se registraron 1.400 unidades.

Este problema de este último mes, según la vocera, estaría relacionado con la erosión provocada por las fuertes lluvias en la cuenca alta del río.

Lily Mora, de 25 años, asegura que los cortes de agua para su negocio, una tienda en la ciudadela Samanes I, no son un problema como sí lo son en su casa, pues comenta que no puede cocinar, bañarse, limpiar los enseres de cocina usados durante todo el día.

María Cedeño, de 31 años, tiene una picantería en el sector de Los Vergeles y comenta que como los cortes son cada vez más frecuentes ahora guarda agua en un tacho y la utiliza así el servicio sea normal. “Si no tengo agua, no puedo preparar ni la comida de la mañana, ni el almuerzo, ni la merienda y solo tengo pérdidas”, se queja.

Ese malestar lo comparte Martha Falconí, de 31 años, quien atiende en el restaurante La Picantita, ubicado en la ciudadela Las Orquídeas, y aunque tiene una cisterna de emergencia, le asusta que los cortes de agua sean tan seguidos que no le permitan reabastecerse a tiempo y esto la obligue a cerrar el negocio.

Textuales: Descontento
Pilar López
dueña de negocio
“Si no va a haber agua, que avisen, así no compro comida y no abro el negocio para que no se vuelva un problema de última hora”.

Martha Falconí
vendedora en local
“Cuando se va el agua no hay cómo limpiar lo que se ensucia en la cocina, y si abrimos en la mañana, no podemos abrir en la noche”.

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