Domingo 7 de marzo del 2010 Guayaquil, Ecuador
De izquierda a derecha, Mark Massara, Ted Harris de California Strategies y David Evans, miembro de la banda U2.
La casa que el guitarrista de U2 anhela construir aquí tendría techo de cobre, trabajado para asemejar hojas que se agitan. Las rocas que salpican la propiedad serían dejadas en su lugar y se les asignarían nombres como Vértebra de Dinosaurio y Cisterna. La tierra extraída para la construcción sería reutilizada, en lo posible.Sí, habría una piscina, pero su propósito central sería mantener a raya el fuego si las plantas nativas locales no hicieran el trabajo. Y se utilizarían todas las técnicas de construcción ecológica imaginables.Pero todo esto no ablanda a aquellos que vigilan la ladera a lo largo de una de las extensiones más espléndidas de la costa estadounidense, donde el acceso público contra el aislamiento exclusivo es un debate siempre existente al que incluso un integrante de la banda de rock más expresamente defensora de la Tierra no puede escapar.De pie muy por encima del océano Pacífico, usando su característico gorro negro, David Evans, o The Edge, su apodo como guitarrista, formuló el argumento a favor de su propuesto desarrollo de 63 hectáreas que incluiría cinco casas, la suya entre ellas. El proyecto “respetaría y honraría al paisaje”, dijo, y establecería un nuevo estándar para las construcciones en áreas remotas incorporando el medio ambiente.“Simplemente teníamos este sueño de construir una casa que estuviera en armonía con estas colinas”, dijo Evans. “Lo vemos como algo que pudiera ser un hito de sustentabilidad”.Pero la visión de Evans ha provocado la ira de sus potenciales vecinos en un enclave exclusivo más abajo, así como de Santa Monica Mountain Conservancy, que juntos deploraron el camino que sería construido para desarrollarlo –uno que subiría serpenteando– y la cantidad de tierra llevada a y sacada del sitio.Otros críticos tampoco están contentos con las casas mismas –que van de los 680 a los 1.115 m²– las cuales, argumentan, disminuirían el paisaje, uno ya contaminado por las casas de algunos de los que están planteando objeciones.“Lo que es tonto es decir que es demasiado ecológico”, dijo Paul Edelman, director de Planeación y Recursos Naturales de Conservancy, que ha redactado una carta en oposición al desarrollo. “Pero cada vez que se suba ahí, cualquier ahorro que se tenga sería a través del uso de combustible fósil”.El futuro del proyecto radica en la Comisión Costera de California, una agencia estatal poderosa y agresivamente conservadora de la vista que tiene jurisdicción sobre la mayor parte de los desarrollos cerca de la costa.La escaramuza de la montaña incluye a adversarios tradicionales –a quienes les gustaría vivir en áreas remotas y a quienes les gustaría preservarlas– así como a enemigos nuevos y cada vez más visibles: ecologistas contra ecologistas.
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