Domingo 07 de marzo del 2010 Columnistas Deportes

La apología del error

Por Jorge Barraza (jorge.barraza@conmebol.com)

Alguien tenía que decirlo

“Nos hemos puesto todos de acuerdo para decir que la tecnología no debía inundar el fútbol, porque deseamos que el fútbol siga siendo humano, ahí radica su belleza. Los aficionados vuelven a hablar de estos partidos, los recrean”, explicó Patrick Nelson, secretario general de la Asociación de Irlanda del Norte. Se refería a la decisión del International Board de abandonar la experimentación del chip dentro del balón para saber si cruzó o no la línea de meta y, más que eso, de descartar todo uso potencial del video o de cualquier otra forma tecnológica para esclarecer jugadas polémicas.

La decisión significa un golpe de nocaut a la decencia del juego y, esencialmente, a la justicia. “El aspecto humano del fútbol es esencial para este deporte. Sus grandes momentos, sean cuales sean, dan la palabra a los hinchas, forman parte de la historia. Es lo que lo convierte en algo tan animado”, completó Jonathan Ford, de la Asociación Galesa, una de las 4 que componen el IB junto a la FIFA.

Preguntamos ¿qué es el aspecto humano? Porque entonces podríamos volver todo atrás, a la pelota con tiento… al fútbol sin televisión… a que un auxiliar en lo alto del estadio informe del resultado del partido con una chapa pintada… a cortar el césped con una guadaña… a que los equipos viajen en barco al Mundial de Sudáfrica…

Así el fútbol sería todavía más humano. ¿Para qué se le reclaman al país organizador de un Mundial los más altos estándares tecnológicos en materia de estadios, seguridad, transportes, comunicaciones…? Para lograr la excelencia. Eso mismo es lo que debemos perseguir en el juego, que es el eje central de toda la actividad. Se busca un marco ultramoderno con un núcleo vetusto.

Para que el fútbol siga siendo humano, qué debemos hacer los periodistas en Sudáfrica 2010, ¿llevar máquinas de escribir en lugar de computadoras? La explicación habitual (y esta vez no ha sido la excepción) es evitar “las constantes interrupciones”. Un argumento no válido. El video puede aplicarse a cuatro situaciones del juego, las más polémicas. Inclusive pueden ser dos por tiempo y con una posibilidad para cada equipo de pedir una repetición en cada segmento. Tampoco hay ochocientas jugadas polémicas. Si esto hubiese estado ya en práctica tal vez Irlanda jugaría el Mundial. ¿Qué pasa si Francia se consagra campeón del mundo…? Un equipo que posiblemente no debió jugar pues en honor a la verdad hizo trampa y mediante ella clasificó. Thierry Henry, el hombre que hizo una mano deliberada para marcar un gol, sí jugará la Copa; los muchachos irlandeses que actuaron dentro de la ley, no. Eso no es “humano”.

Se habla de que los miembros de International Board son británicos, y por tanto muy conservadores. “No son afectos a los cambios”. Pero el International Board del rugby, deporte en franca evolución, también está compuesto por británicos e introdujeron el video ref, la decisión más osada y fantástica de ese deporte en un siglo tal vez. Nunca fue tan limpio el rugby.

Otra de las razones para negarse a las innovaciones tecnológicas son de orden práctico y económico. “Está bien, en Europa tal vez puedan poner cámaras en los estadios, pero ¿y en África… y en muchos otros lados?”, se atajan. Como todas las nuevas tendencias, las cámaras se verían por primera vez en un Mundial, luego en las copas de Europa, en la Copa América, en la de Asia, en la Concacaf, luego se iría extendiendo su uso a todo el mundo. Así sucede con todas las cosas.

El error, la trampa, y especialmente la injusticia dañan la reputación del fútbol. Y generan violencia. Hay que ayudar a los jueces a desempeñar con mayor acierto su tarea. A reducir el error. Para eso se crearon las tarjetas, el intercomunicador para hablar con sus asistentes, para eso se instauró el cuarto árbitro, para eso se los prepara científicamente desde lo físico y médico. Los instructores de árbitros utilizan como herramienta básica el video para explicar el reglamento. ¿Por qué no usarlo para evitarle papelones y disgustos?

Pareciera que para el organismo que decide sobre las Reglas del Juego los partidos verdaderamente inolvidables son aquellos en lo que el juez ha cometido una grave equivocación; los más recordables y que dan “vida a este deporte”. Pero ocurre que recordamos centenares de partidos maravillosos en los que el silbato funcionó bien. Probablemente los dos lances más recordados de la historia sean Brasil 4 - Italia 1 en México 70, y Brasil 1 - Uruguay 2 en 1950. En ambos no hubo polémicas, el réferi cobró bien y pasó inadvertido.

¿Qué tienen que ver la belleza del deporte, su sentido humano con las fallas de los árbitros…?

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