Delfín Tenesaca, Lourdes Tibán, Mesías Tatamuez y los dirigentes del MPD repiten desde hace días lo mismo: “Que critiquemos al Gobierno no significa que le hagamos el juego a la derecha” y “Criticamos a Correa pero no queremos que se caiga”.
Por lo visto, aspirar a que Correa se vaya y buscar aliados circunstanciales para conseguirlo es algo así como una enfermedad venérea mortal, por lo que debe uno asegurarse a cada instante de que el preservativo ideológico esté colocado correctamente en su lugar. En cambio, el desempleo de izquierda, los asesinatos y secuestros de izquierda, la corrupción de izquierda, Dayuma, la muerte de Bosco Wisum, los insultos, los ataques a los obreros de la ex Emelec y la ex Pacifictel, los presos políticos, la clausura de Teleamazonas y radio La Voz de Arutam, todo eso es un juego de niñitas en una escuela de monjas.
Yo comprendo a los dirigentes de la oposición de izquierda. Los agentes de Correa que encabeza Ricardo Patiño los quieren dividir. Patiño cuenta para eso con una buena bolsa de dinero, cargos y prebendas; tiene al alcance de su mano, además, algunos fantasmas como la Federación Ecuatoriana de Indios, que desapareció en los años setenta (por apoyar a la dictadura militar) y recién ahora la resucitan; y por último, dispone de estas dos acusaciones falsas que en alguna medida pegan en las bases: “La oposición de izquierda le está haciendo el juego a la derecha” y quieren “desestabilizar al Gobierno”.
La Tibán, Tatamuez y compañía no se dan cuenta, sin embargo, de que al defenderse así, en forma vergonzante, aclarando que no le desean mal a nadie, lo único que consiguen es ponerse a la defensiva y sembrar dudas en sus bases.
A quien siempre le hicieron el juego los dirigentes de izquierda fue a los gobiernos de izquierda. La lista es larguísima: Velasco Ibarra (que los deportó a las islas Galápagos), la dictadura militar de los años setenta (que aplicó los decretos “antiobreros”), Rodrigo Borja (que destruyó los sindicatos privados), Abdalá Bucaram, Lucio Gutiérrez y Rafael Correa. Los gobiernos de derecha, por el contrario, siempre despreciaron a los movimientos sociales y han procurado mantenerlos lejitos.
La conclusión es obvia: Tibán, Tatamuez y compañía deberían emplear otro discurso. Podrían decir: “Aspiramos a que Rafael Correa renuncie porque de lo contrario, cuando devuelva el poder (en diez o quince años), el Ecuador estará destruido. Para eso estamos dispuestos a paralizar el país, dentro de la ley y pacíficamente.
“Pero para acabar con una dictadura siempre ha habido que dialogar con Dios y el diablo; en este caso con Alberto Acosta y Jaime Nebot, con María Paula Romo y Carlos Vera. Porque así ha sido siempre: Stalin (el adorado Stalin de los dirigentes de izquierda) se alió con Churchill contra Hitler; Alfaro (el manoseado Alfaro de la izquierda) peleó junto con los conservadores contra Ignacio de Veintimilla”.
Podrían agregar, por último: “Nada podremos perder con un acuerdo amplio así, para la acción, en torno a uno o dos puntos concretos, siempre y cuando sepamos guardar nuestra independencia y nuestra ideología (lo que no hicimos con Correa). En cambio, si no buscamos aliados, le estaremos haciendo el juego a Correa y a su nefasta dictadura”.