- MAR. 06, 2010 - Foto - Comunidad - EL UNIVERSO
Los niños Julio César Lucero, Áxel Chacaguasay y Lesley Gualpa eran atendidos en una sola camilla.
El pasillo del área de emergencias del hospital de niños Francisco de Ycaza Bustamante tiene cerca de un metro y medio de ancho y al menos 10 metros de largo. En ese espacio, ayer, a las 12:10, 17 madres de familia compartían la angustia de tener que esperar una cama en los pisos de hospitalización.
Los 17 menores estaban repartidos tres por cada una de las cinco camillas y dos en los brazos de sus madres, por no contar con más espacio.
Sentada con los brazos apoyados sobre la camilla y la cabeza colocada cerca de los pies de su hijo, María Tamayo, de 37 años, evidencia cansancio. Tiene dos días esperando que se desocupe una cama. Ella relata que llegó el miércoles al mediodía, pero no fue hasta las 23:00 que le dieron un espacio en una camilla a su hijo Julio César, de 7 meses, a quien llevó al hospital con fiebre, diarrea y una fuerte tos.
Desde ese día siente que el niño no mejora, sigue durmiendo demasiado y su preocupación aumenta cuando ve a los menores con los que Julio César comparte su camilla. Ellos también están enfermos.
Al lado derecho, a menos de 20 centímetros de Julio César, estaba dormido Áxel, de 6 meses. Él, según su tía Blanca Sagnay, tiene también dos días internado y comparte los síntomas de su enfermedad con el hijo de Tamayo.
A esa camilla donde hasta la noche del jueves había solo dos niños llegó Lesley, de 8 meses. Su ingreso al hospital fue a la 01:00 de ayer, pese a que su madre Katherine Franco, de 20 años, cuenta que llegó a las 16:00 del día anterior. La bebé tiene gastroenteritis.
Unos pasos más lejos de la puerta principal, el cuadro se volvía más preocupante. Dos mujeres sostenían cerca de su pecho a sus hijos. Las dos llegaron desde Playas.
Una de ellas, Priscilla Cayetano, de 33 años, entró en la madrugada con su hijo Jorcy, de uno. Él –cuenta– convulsionó la madrugada de ayer y aún tenía fiebre alta.
La otra era Julia Vera, de 39 años. Su hijo Gilberto tiene desnutrición y diarrea. Ocho horas después de llegar al hospital la coloración amarillenta de la piel de su hijo aumentaba su angustia. Más aún cuando, dice, le entregaron todos los medicamentos para su hijo, pero el suero no se lo podían colocar sin tener una camilla.
Patricia Parrales, directora del hospital, indicó que el centro está resolviendo sus problemas de saturación mediante los convenios con el hospital de niños León Becerra y el Abel Gilbert Pontón, adonde el jueves enviaron cerca de 11 niños.
Afirma que la próxima semana se ubicará camas en el quinto piso, luego que el gremio de empleados, que lo utiliza como sede, lo desocupe. Pese a ello, los miembros de asociaciones y los sindicatos dijeron que no han recibido notificación.