- MAR. 05, 2010 - Foto - Cine y TV - EL UNIVERSO
Afiches de varias de las cintas que son un referente del género de la ciencia ficción.
La guerra de las galaxias.
La guerra de las galaxias.
“Todo lo que un hombre puede imaginar, puede ser realizado por otro hombre”. Con esta frase de Julio Verne se podría dar un concepto de lo que es la ciencia ficción. A pesar de los grandes cambios e interpretaciones que tiene el género, la definición no pierde vigencia.
La nominación al Oscar en la categoría de Mejor película para el filme Distrito 9, del director sudafricano Neil Blomkamp, obra de bajo presupuesto que logró una recaudación de más de 100 millones de dólares, ha hecho que un sector de crítica la considere la mejor película de ciencia ficción del siglo XXI.
Esta cinta y Avatar, de James Cameron, que ha superado en recaudación a Titanic, del mismo director, compiten por la estatuilla de la Academia, lo que ha generado entusiasmo entre los aficionados de la ciencia ficción.
La Academia casi nunca ha nominado películas de este género, pese a que se han hecho verdaderas obras de arte, que son ahora consideradas de culto o están ubicadas entre las mejores cintas de la historia del cine. De esta discriminación solo se han escapado ET (1982), que consiguió cuatro premios Oscar, y La Guerra de las galaxias (1977), que obtuvo seis. Ninguna de las dos los consiguieron en el apartado de Mejor película.
¿Y por qué la ciencia ficción es tan interesante en el cine? Porque su capacidad de anticipación, unida a sus referentes técnicos y científicos, le ha permitido abordar temas polémicos y que pueden causar reacciones negativas si son analizados desde la perspectiva de la actualidad. El cine de ciencia ficción, gracias a esa libertad que le da su capacidad de adelanto temporal, permite tratar temas tan disímiles como la amenaza nuclear y biológica, el totalitarismo político, el racismo o la manipulación de los medios tecnológicos.
Desde el pionero George Melies, con sus películas sobre el viaje a la Luna o a las profundidades del mar, el cine de ciencia ficción ha desarrollado centenares de cintas tratando de advertir esas amenazas que se ciernen sobre la humanidad.
Ya Fritz Lang en el Dr. Mabuse (1922) anunciaba al mundo la presencia del líder absoluto y criminal que buscó la dominación total. Una especie de álter ego de Hitler y el nazismo. Su visión expresionista del mundo del trabajo y la utilización de un robot maligno para la esclavización de los obreros en Metrópolis (1926) alcanzó un aterrador sentido premonitorio.
La crítica social hacia los sistemas totalitarios está presente en películas como Fahrenheit 451 (1966), de Francois Truffaut, en la que la cultura y una de sus expresiones, los libros, son destruidos por el fuego, y los que los poseen son perseguidos por bomberos, que se convierten en un cuerpo represivo de una sociedad en la que es pecado disentir.
Con la cinta Naranja mecánica (1971), Kubrick ofrece un panorama desolador, en el que el Estado utiliza la violencia para combatir a jóvenes rebeldes. Y está su obra maestra, Odisea del espacio (1968), con su hondo mensaje filosófico y su final en el que el astronauta se funde con la matriz del cosmos, dando lugar a la creación del niño espacio-tiempo.
La discriminación étnica y el racismo son plasmadas en El planeta de los simios (1968), de Franklin Schaeffner, en la cual el hombre es reducido a una condición animal y es objeto de persecución y encierro por parte de una civilización simiesca. La película Enemigo mío (1985), de W. Petersen, ofrece un cuadro más esperanzador.
Problemas tan actuales como la planificación familiar y la superpoblación tienen visiones agudas en cintas como en Thx 1138, (1971) de George Lucas. Nos traslada a un mundo aséptico, donde está prohibido tener hijos y los que violan la regla son sometidos a torturas por androides sin rostro con uniforme policiaco.
Soluciones más extremas son visualizadas en la mítica La fuga de Logan (1976), de Michael Anderson, en la que el ser humano solo puede vivir hasta cierta edad y luego es exterminado en una especie de eutanasia tecnológica. La amenaza biológica o las enfermedades han inspirado películas como Los ladrones de cuerpos (1956), de Don Siegel.
Una obra maestra del cine es Blade Runner (1982), de Riddley Scott, visión pesimista de una sociedad futura donde la lluvia ácida corroe a los habitantes de una ciudad, y donde los androides llamados replicantes se rebelan contra su destino de muerte y su creador. Es una cinta basada en el libro de Phillip K. Dick, Sueñan los androides con ovejas eléctricas, y en la actualidad está considerada una de las mejores películas de ciencia ficción y de la historia del celuloide.
La saga Star wars (1977), de George Lucas, sentó las bases de una nueva forma de hacer ciencia ficción. Revolucionó los efectos especiales. El director dio a sus películas un aire de epopeya con un mensaje seudorreligioso y volvió a poner en el tapete el tradicional combate entre el bien y el mal. Spielberg ha entregado su célebre ET (1982), con su envoltura de amor infantil, pero también ha propuesto con AI (Inteligencia Artificial, 2001) ese emotivo pero duro homenaje a Stanley Kubrick, versión libre del cuento Pinocho.
El cine de ciencia ficción seguirá gozando de buena salud, porque cada uno de los problemas que el ser humano no pueda resolver será un elemento para hacer una buena película y con ella conseguir, tal vez, una nominación al premio de la Academia y quizás hasta llevarse la estatuilla.