Se está volviendo común recibir llamadas telefónicas de vendedores que cuentan con información nuestra de que uno posee tarjetas de crédito; de nuestros números de teléfonos, etcétera; lo que hace suponer que la venta de bases de datos sigue siendo una práctica común.
Me llamaron en diciembre del 2009 ofreciéndome maravillas sobre beneficios para viajar, mencionando el nombre de una tarjeta de crédito muy conocida. Creí que me estaban devolviendo la llamada de una empresa a la que había solicitado una tarjeta de crédito con acumulación de millas para viajes, y como yo estaba en horas de trabajo les di rápido mi número de tarjeta de crédito. Dijeron que me enviarían el voucher para que lo firmara y que me daban “la ventaja de diferir” el costo (220 dólares) a seis meses plazo. En enero del 2010 me llamaron de nuevo para decirme que debía firmar otro voucher, porque el anterior les llegó tarde; les indiqué que no iba a firmar por cuanto me había dado cuenta de que no se trataba de la muy conocida tarjeta de crédito que yo supuse, sino de otra que ha tenido ese nombre y que se completa con la palabra “viajes”; que se trató de una confusión por el nombre y no quería esa tarjeta. ¡Sin embargo me cobraron el voucher inicial y sin diferir!
Venden por 220 dólares un plástico (tarjeta, incluido el IVA) con un cuadernillo donde aparecen fotos y datos de unos hoteles en Ecuador, donde uno puede obtener descuento en alojamientos. En contraste, la membresía anual de las demás tarjetas de crédito (que esas sí sirven para cubrir muchas necesidades a diario como comprar comida, ropa..; servicios médicos, educativos, turísticos, etcétera, y además algunas dan millas de viaje), varía de 40 a 100 dólares; pero no sobrepasan los 200 dólares. Este abuso debe ser investigado por las autoridades porque: mencionan un nombre conocido de tarjeta de crédito, y como uno no está viendo ningún logo, se confunde; las personas tienen una vez al año vacaciones y harán uso de un solo descuento de alojamiento en un hotel, no tendrán tiempo, plata, para ir a todos los hoteles que ponen en el folleto; el contrato dice que el dinero cobrado es por “servicios publicitarios”, o sea que así argumente que usted no quiere el servicio, ellos igual se quedan con su dinero. ¿A cuánta gente habrán embaucado de este modo, y cuántas más seguirán cayendo? ¡Ministerio de Turismo y Defensoría del Pueblo, por favor, paren esto!
Dolores Molina Mosquera,
Guayaquil