La Armada chilena, que tanto ha hecho por su país, reconoció que cometió un error que costó vidas humanas, y ofreció disculpas, aun sabiendo que eso podría acarrearles gravísimas consecuencias a algunos de sus oficiales.
Dejemos a la Justicia chilena que averigüe si la equivocación además ameritará una investigación penal; lo que sí podemos anticipar es que solo instituciones así, que asumen sus errores y no escapan a sus responsabilidades, pueden servir de sustento a grandes naciones. Los oficiales chilenos no se refugiaron en que todo era una campaña de la prensa para desprestigiarlos. Simplemente dieron la cara, como hace la gente de bien.
¿Está preparado el Ecuador para una catástrofe natural como las de Haití o Chile? Es algo que se debate mucho estos días, sobre todo por las tantas contradicciones que se observaron durante la reciente crisis de energía eléctrica. Incluyamos en esa discusión este principio ético esencial de que una autoridad es digna solo cuando admite por igual sus aciertos y fracasos.